Evaluación Internacional
del papel del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo
Agrícola (IAASTD)
Resumen de la evaluación
mundial preparado para los responsables
de la toma de decisiones
Autores: Nienke Beintema (Países
Bajos), Deborah Bossio (Estados Unidos), Fabrice Dreyfus (Francia), María Fernández
(Perú), Ameenah Gurib-Fakim (Mauricio), Hans Hurni (Suiza), Anne-Marie Izac
(Francia), Janice Jiggins (Reino Unido), Gordana Kranjac-Berisavljevic (Ghana),
Roger Leakey (Reino Unido), Washington Ochola (Kenya), Balgis Osman-Elasha (Sudán),
Cristina Plencovich (Argentina), Niels Roling (Países Bajos), Mark Rosegrant (Estados
Unidos), Erika Rosenthal (Estados Unidos), Linda Smith (Reino Unido)
Declaración de los gobiernos
Todos
los países que asistieron a la sesión plenaria intergubernamental final llevada
a cabo en Johannesburgo (Sudáfrica) en abril de 2008 reciben con agrado la
labor de la IAASTD y el carácter singular de este proceso independiente y
multidisciplinario en el que participan múltiples partes interesadas, así como
la magnitud del desafío de abordar una gran variedad de cuestiones complejas.
Los gobiernos presentes reconocen que los informes de la evaluación mundial y
las evaluaciones regionales son las conclusiones de estudios realizados por diversos
investigadores científicos, expertos y especialistas en desarrollo, y que, si
bien reflejan un consenso general sobre la importancia de los conocimientos, la
ciencia y la tecnología agrícolas en materia de desarrollo, también recogen diversos
puntos de vista sobre algunas cuestiones.
Todos
los países ven en estos informes una valiosa e importante contribución a
nuestra comprensión de los conocimientos, la ciencia y la tecnología agrícolas
en materia de desarrollo y, al mismo tiempo, reconocen la necesidad de
continuar profundizando nuestra comprensión de los desafíos futuros. Esta
evaluación es una iniciativa constructiva y una importante contribución que
todos los gobiernos deben llevar adelante para asegurar que los conocimientos,
la ciencia y la tecnología agrícolas permitan alcanzar los objetivos de
desarrollo y sostenibilidad de reducción del hambre y la pobreza, la mejora de
los medios de subsistencia en las zonas rurales y de la salud humana, y la
promoción de un desarrollo equitativo y sostenible desde el punto de vista
social, ambiental y económico.
De
conformidad con lo antedicho, los siguientes gobiernos aprueban el Resumen de la evaluación mundial preparado
para los responsables de la toma de decisiones.
Arabia Saudita, Armenia, Azerbaiyán, Bahrein,
Bangladesh, Belice, Benin, Bhután, Botswana, Brasil, Camerún, China (República
Democrática de), Costa Rica, Cuba, El Salvador, Etiopía, Filipinas, Finlandia,
Francia, Gambia, Ghana, Honduras, India, Irán, Irlanda, Islas Salomón, la
Jamahiriya Árabe Libia, Kenya, Kirguistán, Líbano, Maldivas, Mozambique,
Namibia, Nigeria, Pakistán, Panamá, Paraguay, Polonia, Reino Unido de Gran
Bretaña, República de Moldova, República de Palau, República Democrática del
Congo, República Democrática Popular Lao, República Dominicana, República Unida
de Tanzanía, Rumania, Senegal, Suecia, Suiza, Swazilandia, Timor-Leste, Togo,
Túnez, Turquía, Uganda, Uruguay, Viet Nam, Zambia (58 países)
Los
siguientes gobiernos, si bien aprueban las declaraciones anteriores, no
aprobaron plenamente el Resumen de la
evaluación mundial preparado para los responsables de la toma de decisiones;
sus reservas se incluyen en el anexo.
Australia, Canadá y Estados Unidos
de América (tres
países)
Antecedentes
En agosto de 2002,
el Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación (FAO) iniciaron un proceso de consultas a nivel mundial para
determinar si era necesario realizar una evaluación internacional de los
conocimientos, la ciencia y la tecnología agrícolas (CCTA). Esta iniciativa fue
impulsada por las conversaciones sostenidas en el Banco Mundial con el sector
privado y organizaciones no gubernamentales (ONG) sobre el nivel de comprensión,
desde el punto de vista científico, de la biotecnología y, más específicamente,
de la tecnología transgénica. Durante el año 2003 se realizaron 11 consultas, que
fueron supervisadas por un comité directivo internacional integrado por
diversas partes interesadas y en las que participaron más de 800 personas de
todos los grupos pertinentes: gobiernos, el sector privado y la sociedad civil.
Sobre la base de esas consultas, el comité directivo recomendó a una asamblea
plenaria intergubernamental reunida en Nairobi en septiembre de 2004 que era
necesario llevar a cabo una evaluación internacional del papel de los conocimientos,
la ciencia y la tecnología agrícolas (CCTA) en la reducción del hambre y la
pobreza, la mejora de los medios de subsistencia en las zonas rurales y la
promoción de un desarrollo sostenible desde el punto de vista ambiental, social
y económico. El concepto de una Evaluación Internacional del papel del
Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola (IAASTD, por
su sigla en inglés) fue respaldado como un proceso intergubernamental en el que
se abordarán aspectos temáticos, espaciales y temporales, que contará con una
oficina formada por diversas partes interesadas y será copatrocinado por la Organización
de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Fondo
para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), el Programa de las Naciones Unidas para
el Desarrollo (PNUD), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PNUMA), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y
la Cultura (UNESCO), el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud
(OMS).
La
estructura de gobierno de la IAASTD consiste en una combinación singular del
Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático y de la Evaluación de
Ecosistemas del Milenio (de carácter no gubernamental). La composición de la
oficina fue acordada en la asamblea plenaria intergubernamental celebrada en
Nairobi; la representación geográfica es equilibrada y la integran diversas
partes interesadas (representantes de 30 gobiernos y 30 organizaciones de la
sociedad civil —ONG, agrupaciones de productores y consumidores, entidades
privadas y organizaciones internacionales—) para asegurar que todas las partes
interesadas se sientan identificadas con el proceso y sus conclusiones.
La
oficina seleccionó a alrededor de 400 expertos mundiales, nominados por los
diferentes grupos de partes interesadas, para que elaboraran el informe de la
IAASTD (que consta de una evaluación mundial y cinco evaluaciones regionales).
Los expertos participaron a título personal, es decir, no representaban a
ningún grupo en particular. Otras personas, organizaciones y gobiernos
participaron en el proceso de examen por los pares.
Los objetivos
de desarrollo y sostenibilidad de la IAASTD fueron aprobados en la primera
asamblea plenaria intergubernamental y guardan relación con un subconjunto de
los objetivos de desarrollo del milenio (ODM) de las Naciones Unidas: reducción
del hambre y la pobreza, mejora de los medios de subsistencia en las zonas rurales
y de la salud humana, y promoción de un desarrollo equitativo y sostenible
desde el punto de vista social, ambiental y económico. Para conseguir estos
objetivos es necesario reconocer la multifuncionalidad de la agricultura: el
desafío consiste en alcanzar los objetivos de desarrollo y sostenibilidad y, al
mismo tiempo, aumentar la producción agrícola.
El
logro de estos objetivos se debe situar en el contexto de un mundo que cambia
en forma acelerada: urbanización, aumento de la desigualdad, migración humana,
globalización, cambio de las preferencias alimentarias, cambio climático,
degradación del medio ambiente, tendencia al uso de biocombustibles y aumento
de la población. Estas condiciones están afectando la seguridad alimentaria a
nivel local y mundial y ejerciendo presión sobre la capacidad productiva y los
ecosistemas. En consecuencia, se avecinan problemas sin precedentes para suministrar
alimentos en el marco de un sistema de comercio mundial en el que los recursos
agrícolas y otros recursos naturales se destinan a otros usos. Los CCTA no
pueden resolver por sí solos estos problemas, cuya causa radica en una compleja
dinámica política y social, pero pueden contribuir en medida apreciable a
alcanzar los objetivos de desarrollo y sostenibilidad. La generación de CCTA y
su aplicación revisten más importancia que nunca para todo el mundo.
Al
concentrarse en el hambre, la pobreza y los medios de subsistencia, la IAASTD
presta especial atención a la situación actual, los problemas y las
oportunidades que se pueden presentar para reorientar el actual sistema
referente a los CCTA a fin de mejorar la situación en que se encuentran las
personas pobres de las zonas rurales, especialmente los pequeños agricultores, los
trabajadores rurales y otras personas de escasos recursos. La IAASTD aborda
cuestiones críticas para la formulación de políticas y proporciona información
a las autoridades responsables de tomar las decisiones que se ven enfrentadas a
opiniones contrapuestas sobre temas disputables, tales como las consecuencias
ambientales del aumento de la productividad, el impacto de los cultivos
transgénicos en el medio ambiente y la salud humana, las consecuencias del
desarrollo de la bioenergía en el medio ambiente y en el precio y la
disponibilidad de alimentos a largo plazo, y las consecuencias del cambio
climático en la producción agrícola. La oficina de la IAASTD estuvo de acuerdo
en que el alcance de la evaluación debía trascender los limitados confines de
la ciencia y la tecnología, y abarcar otros tipos de conocimientos pertinentes
(por ejemplo, los conocimientos de los productores agrícolas, los consumidores
y los usuarios finales). Convino asimismo en que también se debía evaluar el
papel de las instituciones, las organizaciones, la gestión de gobierno, los
mercados y el comercio.
La
IAASTD es una iniciativa multidisciplinaria que cuenta con la participación de
una pluralidad de interesados y requiere el uso e integración de información,
herramientas y modelos de diferentes paradigmas de conocimiento, incluidos los
conocimientos locales y tradicionales. La IAASTD no promueve políticas ni prácticas
específicas; evalúa los principales problemas relativos a los CCTA y señala diversas
medidas de acción al respecto que permiten alcanzar objetivos de desarrollo y
sostenibilidad. La IAASTD reviste importancia a los efectos de las políticas,
pero no es prescriptiva. Integra la información científica sobre diversos temas
que están relacionados entre sí de manera decisiva pero que a veces se abordan
en forma independiente: agricultura, pobreza, hambre, salud humana, recursos
naturales, medio ambiente, desarrollo e innovación. La IAASTD permitirá a las
autoridades decisorias aportar una base de conocimientos más completos a la
hora de adoptar decisiones de política y de gestión sobre asuntos que antes
solían considerarse en forma aislada. Los conocimientos adquiridos a partir de análisis
históricos (normalmente, los últimos 50 años) y el análisis de algunas de las
alternativas de desarrollo con proyección al año 2050 constituyen la base para
evaluar distintas medidas de acción en materia de ciencia y tecnología,
desarrollo de la capacidad, instituciones y políticas, e inversiones.
La
IAASTD se lleva a cabo conforme a un proceso abierto, transparente,
representativo y legítimo; se basa en pruebas; presenta opciones en lugar de
formular recomendaciones; evalúa diferentes perspectivas locales, regionales y
mundiales; presenta distintos puntos de vista, en reconocimiento de que las
mismas pruebas pueden tener una interpretación diferente según las distintas
visiones del mundo, y señala las principales incertidumbres científicas y los
ámbitos en que se podrían centrar las investigaciones a fin de promover los objetivos
de desarrollo y sostenibilidad.
La
IAASTD consiste en una evaluación mundial y cinco evaluaciones regionales: Asia
central y occidental y Norte de África; Asia oriental y meridional y el
Pacífico; América Latina y el Caribe; América del Norte y Europa, y África al
sur del Sahara. La IAASTD: i) evalúa la generación, acceso, difusión y uso de
los CCTA del sector público y el sector privado en relación con los objetivos,
utilizando los conocimientos locales, tradicionales y formales; ii) analiza las
tecnologías, prácticas, políticas e instituciones existentes y también las que
comienzan a surgir, y su impacto en la consecución de los objetivos, iii)
suministra información a los responsables de la toma de decisiones de
diferentes organizaciones públicas, privadas y de la sociedad civil sobre
alternativas para mejorar las políticas, prácticas y mecanismos institucionales
y organizativas con el propósito de alcanzar los objetivos valiéndose de los
CCTA; iv) reúne a diversos interesados (consumidores, gobiernos, organismos
internacionales y organizaciones de investigación, ONG, el sector privado,
productores, la comunidad científica) que participan en el sector agrícola y el
desarrollo rural, con el fin de intercambiar experiencias, opiniones,
interpretaciones y la visión para el futuro, y v) identifica opciones para futuras
inversiones públicas y privadas en CCTA. Además, la IAASTD mejorará la
capacidad a nivel local y regional para diseñar, llevar a la práctica y
utilizar evaluaciones similares.
En esta evaluación,
el término “agricultura” se utiliza y entiende en el más amplio sentido de la
palabra; comprende la producción de alimentos, forrajes, combustibles, fibras y
otros productos e incluye todos los sectores, desde la producción de insumos
(como semillas y fertilizantes) hasta el consumo de productos. Sin embargo, al
igual que en todas las evaluaciones, algunos temas recibieron menos cobertura
que otros (por ejemplo, ganadería, silvicultura, pesca y el sector agrícola de
los pequeños países insulares, e ingeniería agrícola), en gran medida debido a
los conocimientos técnicos del grupo de autores seleccionados. Originalmente,
la oficina de la IAASTD aprobó la inclusión de un capítulo sobre futuros
plausibles (un ejercicio relativo a la visión para el futuro), pero
posteriormente hubo acuerdo en eliminarlo para incluir en su reemplazo un
conjunto más sencillo de proyecciones modelo. Igualmente, la oficina aprobó un
capítulo sobre desarrollo de la capacidad, pero éste fue eliminado y sus
mensajes principales se incorporaron en otros capítulos.
La
versión preliminar del informe de la IAASTD fue sometida a dos rondas de examen
por los pares en las que intervinieron gobiernos, organizaciones y personas
físicas. Estos borradores se publicaron en un sitio web de libre acceso para
que quienes quisieran formularan comentarios. Los autores modificaron las
versiones preliminares teniendo en cuenta los numerosos comentarios recibidos
durante el examen por los pares. Para ello contaron con la ayuda de redactores
que tenían la responsabilidad de asegurar que se tomaran debidamente en cuenta
las observaciones recibidas. Uno de los asuntos más difíciles que debieron
encarar los autores fueron las críticas en el sentido de que el informe era
demasiado negativo. En un examen científico basado en pruebas empíricas, siempre
resulta difícil responder a estos comentarios, ya que se deben establecer criterios
para poder decir que algo es negativo o positivo. Otra dificultad fue responder
a opiniones contradictorias expresadas por los examinadores. Las diferencias de
opinión no causaron sorpresa debido a la variedad de intereses y perspectivas
de las distintas partes interesadas. En consecuencia, una de las principales
conclusiones de la IAASTD es que existen interpretaciones diferentes y
contradictorias de los acontecimientos del pasado y el presente, y que éstas
deben reconocerse y respetarse.
Los
resúmenes de la evaluación mundial y las evaluaciones regionales preparados para
los responsables de la toma de decisiones y el resumen del informe de síntesis
fueron aprobados en una asamblea plenaria intergubernamental en abril de 2008.
El informe de síntesis integra las principales conclusiones de la evaluación
mundial y las evaluaciones regionales, y se centra en ocho temas aprobados por
la oficina: bioenergía; biotecnología; cambio climático; salud humana; gestión
de los recursos naturales; conocimientos tradicionales e innovaciones a nivel
comunitario; comercio y mercados, y el papel de la mujer en la agricultura.
La IAASTD se basa
en varias evaluaciones e informes recientes que han aportado valiosa
información importante para el sector agrícola, pero que no se han centrado
específicamente en el papel de los CCTA en el futuro, las dimensiones
institucionales y las diversas funciones que cumple la agricultura, y les
agrega valor. Estos documentos son los siguientes: El estado de la inseguridad
alimentaria en el mundo (FAO, publicación anual); InterAcademy Council Report:
Realizing the Promise and Potential of African Agriculture (2004); Grupo de
trabajo sobre el hambre del Proyecto del Milenio de las Naciones Unidas (2005);
Evaluación del milenio sobre los ecosistemas (2005); CGIAR Science Council Strategy and Priority Setting Exercise
(2006); Comprehensive Assessment of Water Management in Agriculture: Guiding
Policy Investments in Water, Food, Livelihoods and Environment (2007); informes
del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (2001 y 2007); cuarto
informe sobre las Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (PNUMA, 2007); Informe
sobre el desarrollo mundial 2008: Agricultura para el Desarrollo (Banco
Mundial, 2007); IFPRI Global Hunger Indices (publicación anual), e Internal
Report of Investments in SSA (Banco Mundial, 2007).
La
IAASTD recibió apoyo financiero de los organismos copatrocinadores, los
gobiernos de Australia, Canadá, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Irlanda, Reino
Unido, Suecia y Suiza, la Comisión Europea y CropLife International. Además,
muchas organizaciones han realizado aportaciones en especie. Los autores y los redactores
del examen por los pares han puesto libremente a disposición su tiempo, muchas
veces sin recibir remuneración alguna.
Los
destinatarios de los resúmenes de la evaluación mundial y las evaluaciones
regionales preparados para los responsables de la toma de decisiones y del
informe de síntesis son las diversas partes interesadas, a saber, los responsables
de las políticas públicas, el sector privado, ONG, agrupaciones de productores
y consumidores, organizaciones internacionales y la comunidad científica. En estos
documentos no se formulan recomendaciones; sólo se presentan diversas medidas
de acción. Estas últimas no tienen un orden de prioridad porque pueden ser
adoptadas por distintas partes interesadas, las que a su vez tienen distintas
prioridades y responsabilidades y actúan en diferentes contextos
socioeconómicos.
Principales conclusiones
1. Los
conocimientos, la ciencia y la tecnología agrícolas (CCTA) han ayudado a
aumentar considerablemente la producción agrícola a lo largo del tiempo,
contribuyendo de esa manera a la seguridad alimentaria. Esto
se ha conseguido principalmente mediante un fuerte énfasis en el aumento de los
rendimientos gracias al uso de germoplasma de mejor rendimiento y al mayor uso
de insumos (agua, productos agroquímicos) y de la mecanización. Esta mayor productividad
ha contribuido a lograr un aumento neto de la disponibilidad de alimentos por
persona a nivel mundial: de 2.360 kcal en la década de 1960 a 2.803 kcal por
persona al día en la década de 1990, en una época en que la población mundial
registró un aumento considerable.
2. La
población se ha beneficiado de manera desigual de estos aumentos en el
rendimiento en las distintas regiones, en parte debido a las diferencias en las
capacidades organizacionales, los factores socioculturales, y los contextos
institucionales y normativos. En Asia meridional el porcentaje de personas
que viven en situación de pobreza (con menos de US$2 al día) ha disminuido del
45% al 30%, pero en África al sur del Sahara, por ejemplo, este porcentaje
(alrededor del 50%) no ha variado en los últimos 20 años. En 2003, el valor
agregado por trabajador agrícola (en dólares del año 2000) en los países
miembros de la OCDE era de 23.081, con una tasa de crecimiento del 4,4% en el
período de 1992-2003. Las cifras correspondientes a África al sur del Sahara
son 327 y 1,4%, respectivamente.
3. En
algunos casos, el énfasis puesto en aumentar los rendimientos y la
productividad ha tenido consecuencias negativas para la sostenibilidad
ambiental. A menudo, estas consecuencias no se previeron de la
manera en que ocurrieron a lo largo del tiempo y algunas se produjeron fuera de
los límites tradicionales de las explotaciones agrícolas. Por ejemplo,
actualmente existen 1.900 millones de hectáreas (y 2.600 millones de personas)
afectadas por niveles importantes de degradación del suelo. Cincuenta años
atrás, la extracción de agua de los ríos representaba un tercio de la que se
extrae en la actualidad: hoy, el 70% del agua dulce extraída en el mundo (2.700
kilómetros cúbicos, 2,45% de las lluvias) se destina a la agricultura de riego,
que en algunos casos ha causado salinización. Aproximadamente 1.600 millones de
personas viven en cuencas donde existe escasez de agua. La agricultura es
responsable de alrededor del 60% de las emisiones antropógenas de CH4
y aproximadamente el 50% de las emisiones de N20. La fertilización inadecuada
ha provocado eutrofización y creado vastas zonas muertas en varias zonas
costeras, como en el golfo de México y algunos lagos, y el uso inadecuado de
los pesticidas ha provocado contaminación de las aguas subterráneas y otros
efectos, como la pérdida de biodiversidad.
4. Los inconvenientes ambientales causados por
la práctica agrícola, sumados a condiciones socioeconómicas deficientes, crean
un círculo vicioso en el que los pequeños agricultores de pocos recursos se ven
obligados a deforestar y explotar nuevas tierras —por lo general, marginales—,
con el consiguiente aumento de la deforestación y la degradación general. La
pérdida de fertilidad del suelo, la erosión del suelo y el deterioro de las
funciones agroecológicas han provocado bajos rendimientos de los cultivos,
abandono de la tierra, deforestación y un desplazamiento cada vez mayor a zonas
marginales, como las laderas pendientes. Los sistemas multifuncionales
existentes que minimizan estos problemas no han revestido la suficiente
prioridad a los fines de investigación. Las funciones del ecosistema que
mitigan los impactos ambientales gozan de escaso reconocimiento.
Multifuncionalidad
A veces se ha interpretado que el término “multifuncionalidad”
encierra implicaciones para el comercio y el proteccionismo. Ésta no es la definición que se utiliza en
este documento. En el ámbito de la IAASTD, este término se emplea
exclusivamente para expresar la interrelación ineludible de los diferentes
roles y funciones de la agricultura. El concepto de multifuncionalidad reconoce
a la agricultura como una actividad que, además de los productos básicos
(alimentos, forraje, fibras y biocombustibles), produce otros que no
constituyen productos básicos, tales como los servicios que prestan los
ecosistemas, las cualidades apreciadas del paisaje y el patrimonio cultural.
La definición que propone la OCDE, y que se utiliza
en la IAASTD, asocia la multifuncionalidad con las características particulares
del proceso de producción agrícola y sus productos: i) la existencia de
múltiples productos básicos y de otra índole que son producidos conjuntamente
por la agricultura, y ii) algunos de los productos que no constituyen productos
básicos pueden tener las características de externalidades o bienes públicos,
lo que implica que o bien no existen mercados para ellos o éstos no funcionan
de la manera adecuada.
El uso de este término ha generado controversia y ha
sido disputado en las negociaciones sobre comercio mundial, y se ha centrado en
determinar si se necesitan subsidios agrícolas “que distorsionan el comercio”
para que la agricultura pueda desempeñar sus diversas funciones. Sus
proponentes sostienen que los actuales sistemas de subsidios agrícolas, comercio
internacional y marcos de políticas conexos no fomentan una transición hacia
una relación equitativa en el comercio de alimentos y productos agrícolas ni
hacia la adopción de sistemas sostenibles de cultivo y producción de alimentos,
y han provocado un impacto perverso en los recursos naturales y las
agroecologías, así como en la salud y la nutrición humanas. Sus detractores
sostienen que los intentos por remediar esos resultados mediante el uso de
instrumentos relacionados con el comercio menoscabarán la eficiencia del
comercio agrícola y provocarán nuevas distorsiones indeseables en el mercado;
prefieren abordar por otros medios los costos externalizados y los impactos
negativos en la pobreza, el medio ambiente y la salud y la nutrición humanas.
5. Las
proyecciones basadas en el mantenimiento de las políticas y prácticas actuales
indican que, como resultado de los cambios demográficos y de las tendencias de
la distribución del ingreso a nivel mundial en los próximos 50 años, se
modificarán los patrones de consumo de alimentos y aumentará la demanda de
estos últimos. Según los datos de referencia, se prevé que entre 2000 y 2050 la
demanda mundial de cereales se incrementará un 75% y se duplicará la demanda
mundial de carne. Más de las tres cuartas partes del crecimiento de la demanda
de ambos productos se registrará en los países en desarrollo. Las
proyecciones indican una probable restricción de los mercados mundiales de
alimentos en que la creciente escasez de recursos afectará negativamente a los
consumidores y productores pobres. En general, se prevé que la relación de
intercambio y las políticas actuales, y la creciente escasez de agua y tierras,
sumada a los cambios climáticos previstos, limitarán el aumento de la
producción de alimentos.
6. La
agricultura opera en sistemas complejos y por su naturaleza es multifuncional. La
adopción de un planteamiento multifuncional para aplicar los CCTA producirá un
mayor impacto en el hambre y la pobreza, al mejorar la nutrición y los medios
de subsistencia de las personas de manera equitativa y sostenible desde el
punto de vista ambiental, social y económico.
7. El
aumento y el fortalecimiento de los CCTA orientados a las ciencias
agroecológicas[1]
contribuirán a resolver cuestiones ambientales, al tiempo que se mantiene y
aumenta la productividad. Los CCTA formales, tradicionales y de origen comunitario
deben responder a las crecientes presiones sobre los recursos naturales, como
la disminución de la disponibilidad y la calidad del agua, la degradación del
suelo y el paisaje, la pérdida de diversidad biológica y de la función de los
ecosistemas agrícolas, la degradación y pérdida de superficie forestal y la
degradación de los recursos pesqueros marinos y costeros. Las estrategias
agrícolas también deberán incluir la reducción de la emisión de gases de efecto
invernadero y medidas de adaptación al cambio climático inducido por el hombre,
así como al aumento de la variabilidad del clima.
8. El
fortalecimiento y la reorientación de la generación y aplicación de los CCTA
contribuirán a la eliminación de una serie de inequidades socioeconómicas
persistentes: reducir el riesgo de que se produzcan conflictos
como resultado de reclamos en pugna sobre la tierra y los recursos hídricos;
prestar asistencia a las personas y las comunidades para hacer frente a
enfermedades humanas y animales de carácter endémico y epidémico y sus
consecuencias; abordar los problemas y oportunidades asociados con el flujo de
trabajadores migrantes a nivel local e internacional, y aumentar el acceso de
las zonas y las personas más pobres, sobre todo las mujeres, a la información,
la educación y la tecnología. Para ello se requiere la participación plena,
abierta y transparente de todos los interesados.
9. Una
mayor y más eficaz participación de las mujeres, así como el uso de sus
conocimientos, habilidades y experiencia contribuirán a la consecución de los
objetivos de sostenibilidad y desarrollo, y el fortalecimiento y la
reorientación de los CCTA para atender cuestiones de género ayudarán a lograr
este cometido. Las agricultoras, procesadoras y trabajadoras
agrícolas se han beneficiado en menor medida de los CCTA que los hombres en
general, y las mujeres pobres han sido las más postergadas. Los esfuerzos
orientados a eliminar las desigualdades con respecto al acceso de las mujeres a
los recursos y bienes de producción, oportunidades de educación y formación
ocupacional, información y servicios de extensión no han tenido mucho éxito. Muchos
de los obstáculos sociales, operacionales y relacionados con las políticas que
impiden un progreso más equitativo son bien conocidos, como también lo son los
costos públicos y privados de un modelo de desarrollo tan desigual, y los
factores que desalientan una acción más decidida para dotar de mayor autonomía a
las mujeres.
10. Muchos
de los desafíos actuales y futuros de la agricultura harán necesario aplicar
los conocimientos científicos y tecnológicos existentes (formales,
tradicionales y de origen comunitario) de una manera más innovadora e integrada,
junto con nuevas estrategias de gestión agrícola y de los recursos naturales. Es
posible mejorar la gestión de las tierras y la biodiversidad agrícolas, los
nutrientes, los plaguicidas y el agua, así como la capacidad de responder a las
tensiones ambientales como el cambio climático valiéndose de los conocimientos
tradicionales y locales, y de las tecnologías existentes. Las opciones
tecnológicas, como los nuevos genotipos de cultivos, ganado, peces y árboles, y
los avances de la citogenética, la ganadería y la piscicultura, la biotecnología,
la teledetección, la agroecología, la agrosilvicultura, el control integrado de
plagas y nutrientes, y las tecnologías de la información y las comunicaciones,
crearán oportunidades para el desarrollo de una agricultura específica para cada
lugar en que los recursos se empleen de una manera más eficiente[2].
Biotecnología
La definición del término “biotecnología” que se
utiliza en la IAASTD se basa en la definición contenida en el Convenio sobre la
Diversidad Biológica y el Protocolo de Cartagena sobre seguridad de la
biotecnología. Se trata de un término amplio que abarca la manipulación de
organismos vivos y una amplia gama de actividades, que van desde las técnicas
convencionales de fermentación, la fitogenética y la zootecnia hasta las
recientes innovaciones en el cultivo de tejidos, la irradiación, la genómica y
la propagación o selección asistida por marcadores, para aumentar la
reproducción, propagación o multiplicación natural. Algunas de las
biotecnologías más recientes (“biotecnología moderna”) incluyen el uso de ADN o
ARN modificado in vitro y la fusión
de células de diferentes familias taxonómicas, técnicas que superan las
barreras fisiológicas naturales de la reproducción o de la recombinación.
11. Algunos
problemas tendrán solución principalmente mediante el desarrollo y la adecuada aplicación
de nuevos CCTA. Estos CCTA pueden contribuir a la búsqueda de
soluciones, siempre que se cuenten con las instituciones y capacidades
adecuadas. A modo de ejemplo cabe
mencionar la lucha contra las enfermedades del ganado (desarrollo de vacunas);
la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la
actividad agrícola; la reducción de la vulnerabilidad de la agricultura al
cambio climático; la reducción de la alta dependencia de la agricultura y las
cadenas de producción de productos básicos de los combustibles fósiles, y la
búsqueda de soluciones a complejos problemas socioeconómicos relativos a los
bienes públicos locales, nacionales e internacionales2, [3].
12. La
atención focalizada en los sistemas agrícolas en pequeña escala mediante la
formación de alianzas públicas y privadas y un aumento de la inversión pública
en investigación y extensión contribuye al aprovechamiento de las oportunidades
que ya existen. El
fortalecimiento de las relaciones de colaboración en el ámbito de la
investigación y extensión, las instancias de gobierno a nivel local orientadas
al desarrollo y las instituciones tales como las cooperativas, las
organizaciones de agricultores y las asociaciones empresariales, instituciones
científicas y sindicatos apoyan a los pequeños productores y empresarios con el
fin de aprovechar las oportunidades que ya existen (empresas agrícolas,
empresas dedicadas a actividades de poscosecha y empresas rurales no
relacionadas con la agricultura) y agregarles valor. En algunos casos, las
oportunidades se encuentran en los sistemas de cultivo en pequeña escala que son
muy eficientes en el uso del agua, los nutrientes y la energía, y conservan los
recursos naturales y la diversidad biológica sin sacrificar los rendimientos,
pero los elevados costos de comercialización no les permiten aprovechar estas
oportunidades. Los principios, procesos y conocimientos subyacentes pueden ser
pertinentes y susceptibles de extrapolación a sistemas de cultivo en mayor
escala, particularmente a la luz de los efectos del cambio climático.
13. Para
conseguir progresos significativos que beneficien a los pobres se deben crear oportunidades para innovar y
desarrollar el espíritu de empresa dirigidas explícitamente a los agricultores
y trabajadores rurales de escasos recursos. Para ello habrá
que realizar inversiones en infraestructura y, al mismo tiempo, facilitar el
acceso a los mercados y al comercio, a servicios de educación ocupacional y de
extensión, al capital, al crédito y a los recursos naturales, tales como la
tierra y el agua. La creciente influencia que ejercen los compradores en gran
escala en el mercado y las normas de este último representan un desafío de
considerable magnitud para los pequeños productores, lo cual hace necesario
seguir innovando en materia de capacitación, educación y servicios de extensión
suministrados por los sectores público y privado, y elaborar marcos legales,
reguladores y de política adecuados.
14. Las
decisiones en torno a la sostenibilidad de la agricultura en pequeña escala
plantean difíciles decisiones en materia de políticas. El
trato especial y diferenciado para los países en desarrollo es un principio
reconocido en las negociaciones de Doha relativas a la agricultura, y se acepta
que esos países puedan recibir este trato especial atendiendo sobre todo a
fundamentos relacionados con la seguridad alimentaria, la subsistencia de los
agricultores y el desarrollo del sector rural. A fin de que los pequeños
agricultores puedan beneficiarse de estas disposiciones, es necesario tomar
medidas adecuadas en el plano nacional e internacional. Los nuevos mecanismos
de pago por parte de las empresas de servicios básicos tanto públicas como privadas
en concepto de servicios ambientales, como la protección de las zonas de
captación de agua y la mitigación de los efectos del cambio climático,
adquieren cada vez más importancia y ofrecen nuevas oportunidades a ese sector.
15. Las
políticas públicas, los marcos reguladores y los acuerdos internacionales son
fundamentales para poder aplicar prácticas agrícolas más sostenibles. Aún
existen problemas acuciantes que hacen necesario establecer nuevos acuerdos y
medidas de bioseguridad eficaces respecto de las aguas transfronterizas, la
aparición de enfermedades humanas y animales, las plagas en la agricultura, el cambio
climático, la contaminación ambiental y las crecientes inquietudes con respecto
a la inocuidad de los alimentos y la salud ocupacional. Para conseguir los objetivos
de desarrollo y sostenibilidad se requieren regulaciones a nivel nacional e
internacional que permitan abordar las múltiples dimensiones económicas,
ambientales y sociales de estas cuestiones transfronterizas. Las políticas deben
basarse en amplias pruebas aportadas por las ciencias naturales y sociales, con
la participación de una pluralidad de interesados. Una mejor gestión de
gobierno y una mayor participación de los interesados pueden contribuir a
eliminar algunas irregularidades identificadas en los acuerdos sobre CCTA que a
menudo privilegian las consideraciones a corto plazo en desmedro de las
consideraciones a largo plazo, y la productividad por encima de la
sostenibilidad ambiental y social y de las diversas necesidades de la
agricultura en pequeña escala.
16. La
existencia de mecanismos institucionales innovadores es fundamental para el
diseño y la adopción con éxito de sistemas agrícolas sostenibles desde el punto
de vista ecológico y social. Hay más probabilidades de conseguir una
producción agrícola sostenible cuando los marcos legales y las formas de
asociación permiten un acceso seguro al crédito, los mercados, la tierra y el
agua a las personas y comunidades que poseen escasos recursos. Para conseguir
los objetivos de desarrollo y sostenibilidad es fundamental crear oportunidades
de mercado que permitan asegurar a los pequeños productores y a los trabajadores
rurales una participación justa en el valor agregado resultante de la
elaboración y comercialización de los productos agrícolas.
17. La
apertura de los mercados agrícolas nacionales a la competencia internacional puede
traer beneficios económicos, pero puede llegar a producir efectos negativos a
largo plazo para el alivio de la pobreza, la seguridad alimentaria y el medio
ambiente si no se cuenta con la infraestructura e instituciones nacionales
básicas. Algunos países en desarrollo que poseen amplios
sectores de exportación han conseguido aumentos globales del PIB, pero la
agricultura en pequeña escala no se ha beneficiado necesariamente y en muchos
casos ha salido perdiendo. En la mayoría de los casos de liberalización del
comercio en que se aborda esta cuestión, el sector que sale perdiendo es el de
los pequeños establecimientos rurales de los países en desarrollo más pobres.
Estos efectos distributivos hacen necesaria una diferenciación en los marcos de
política, como se propugna en el plan de trabajo de Doha (trato especial y
diferenciado y acceso no recíproco). Los países en desarrollo podrían
beneficiarse con la reducción de las barreras y la eliminación de los aranceles
progresivos que los países desarrollados y en desarrollo aplican a los
productos básicos elaborados. También podrían beneficiarse con la reducción de
las barreras entre sí; un mayor acceso preferencial a los mercados de los
países desarrollados para los productos básicos que revisten importancia para
los medios de subsistencia en las zonas rurales; un mayor nivel de inversión
pública destinada a agregar valor a nivel local a los productos; un mayor
acceso de los pequeños agricultores al crédito, y el fortalecimiento de los
mercados regionales.
18. Con
la apertura de los mercados ha aumentado la agricultura intensiva orientada a
la exportación, pero ha tenido consecuencias adversas, según las circunstancias,
como la exportación de nutrientes del suelo y agua, una gestión insostenible
del suelo o el agua, o condiciones de explotación laboral en algunos casos. Las
innovaciones en materia de CCTA referentes a los objetivos de sostenibilidad y
desarrollo resultarían más eficaces si se introdujeran cambios fundamentales en
las señales que emiten precios: por ejemplo, internalización de las
externalidades ambientales y pago o remuneración por los servicios ambientales
prestados.
19. La
elección de estrategias acertadas con respecto a la adopción y aplicación de
las innovaciones en el ámbito agrícola reviste importancia fundamental para
alcanzar los objetivos de desarrollo y sostenibilidad. En la
actualidad, esas estrategias son muy variadas. En el pasado, la mayoría de las
políticas y prácticas de muchos países relativas a los CCTA se llevaba a cabo
conforme a la estrategia de “transferencia de tecnología”. Una decisión
fundamental que deben tomar las partes interesadas en la esfera de los CCTA es
la selección de estrategias apropiadas que permitan avanzar en la consecución
de los objetivos de desarrollo y sostenibilidad en diferentes circunstancias.
20. Un
mayor volumen de inversiones en CCTA tanto públicas como privadas y con fines
más específicos —teniendo explícitamente en cuenta la multifuncionalidad de la
agricultura— puede ayudar a promover los objetivos de desarrollo y
sostenibilidad. Un mayor volumen de inversiones en CCTA,
particularmente si se complementa con inversiones en desarrollo rural (por
ejemplo, infraestructura, telecomunicaciones y plantas de procesamiento), puede
generar elevadas tasas de rentabilidad económica y contribuir a la reducción de
la pobreza. Las inversiones en CCTA también producen impactos ambientales,
sociales, culturales y en la salud. Para poder focalizar mejor las inversiones
futuras en CCTA se necesitan más pruebas sobre los niveles reales y los efectos
distributivos de los costos y beneficios económicos y de otra índole de estas
inversiones.
21. Si
bien debe alentarse la formación de alianzas público-privadas, la elaboración y
observancia de los códigos de conducta por parte de las universidades e
institutos de investigación pueden ayudar a evitar conflictos de interés y a
mantener la atención en la sostenibilidad y el desarrollo en el ámbito de los
CCTA cuando el financiamiento privado complementa los fondos provenientes del
sector público. La capacidad del Estado de entender y, si fuera
necesario, actuar de mediador entre las alianzas público-privadas puede fortalecerse,
entre otras cosas, mediante el uso de sistemas de seguimiento.
21. Para
lograr los objetivos de sostenibilidad y desarrollo habrá que crear espacio
para diversas opiniones y puntos de vista, y el hecho de contar con una
multiplicidad de opciones bien fundadas científicamente mediante, por ejemplo,
la inclusión de especialistas en ciencias sociales en la formulación de las políticas
y prácticas relativas a los CCTA ayuda a orientar y enfocar en esos objetivos las
investigaciones y los servicios de extensión y educación a cargo de los sectores
público y privado. Las interpretaciones diversas y contrapuestas
de los acontecimientos pasados y presentes, sumadas a la subvaloración de los
diferentes tipos de CCTA, limitan los avances sobre el terreno. Para alcanzar los
objetivos es fundamental entender el origen de esas interpretaciones divergentes
de los CCTA. Se ha privilegiado a algunas interpretaciones por encima de otras,
y aquellas han ayudado a encauzar los CCTA formales por un camino determinado,
en perjuicio de otras opciones científicamente acertadas. Algunas de las
opciones que se han dejado de lado tienen su origen en los conocimientos
tradicionales o en la experiencia en la sociedad civil y pueden ser más capaces
de contribuir a la reducción de la pobreza, a la inclusión social y a la
equidad y de generar resultados multifuncionales.
Insert
Figure GSDM-1. Global hunger.
Contexto
Los
conocimientos, la ciencia y la tecnología agrícolas (CCTA) pueden cumplir un
papel fundamental en la consecución de los objetivos de desarrollo y sostenibilidad:
reducir el hambre y la pobreza, mejorar los medios de subsistencia en las zonas
rurales, y promover un desarrollo equitativo y sostenible desde el punto de
ambiental, social y económico. Para ello es preciso que los CCTA aborden la
multifuncionalidad de la agricultura, no sólo como un lugar para la producción
de alimentos, sino también como una base para las comunidades, las economías y
una serie de relaciones ecológicas. Por lo tanto, una gestión eficaz de los
recursos físicos y naturales, la internalización de los costos externalizados y
la permanente disponibilidad y acceso a bienes públicos, tales como la
diversidad biológica (incluido el germoplasma) y los servicios que prestan los
ecosistemas, son aspectos fundamentales para alcanzar los objetivos de
desarrollo y sostenibilidad. [3]
A los
efectos de la IAASTD, se considera que la agricultura es un conjunto de
sistemas de producción y un sistema socioecológico dinámico e interrelacionado,
basado en el mantenimiento, la utilización y la regeneración de los servicios
que prestan los ecosistemas y que son administrados por personas. La
agricultura comprende el cultivo de la tierra, la crianza de animales, la
pesca, la silvicultura, las industrias de biocombustibles y bioproductos, y la
producción de fármacos o de tejidos para transplantes en cultivos y ganado
mediante procedimientos de ingeniería genética. La IAASTD evalúa todo el
sistema de bienes y servicios derivados de la agricultura.
Insert Figure GSDM-2. A multifunctional
perspective of agriculture.
La
agricultura ofrece un medio de vida al 40% de la población mundial; el 70% de
las personas pobres de los países en desarrollo viven en zonas rurales y
dependen directa o indirectamente de la agricultura para su subsistencia.
Además, la agricultura influye en medida apreciable en los servicios esenciales
que prestan los ecosistemas, como el suministro y purificación del agua, la
polinización, el control de plagas y enfermedades y la captación y liberación
de carbono [Capítulo 3].
En el
plano mundial, los CCTA pueden contribuir de manera importante al alivio de la
pobreza de los 3.000 millones de personas que viven con menos de US$2 al día, y
deben proveer de alimentos nutritivos y adecuados a toda la población,
especialmente a los 854 millones de personas que sufren de desnutrición. Otros
desafíos que plantea el desarrollo a nivel mundial son el abastecimiento de
agua limpia a los 1.300 millones de personas no tienen acceso a ella, y el
suministro de fuentes de energía ambientalmente sostenibles a 2.000 millones de
personas; los CCTA también pueden contribuir a abordar estos desafíos [Capítulos
1 y 3].
Al
concentrarse en los objetivos de desarrollo y sostenibilidad a escala mundial,
esta evaluación pone naturalmente el acento en los desafíos que enfrentan los
países en desarrollo y las comunidades pobres de las zonas rurales donde la
mayoría de las personas depende de la agricultura para su subsistencia y donde
existe pobreza y degradación ambiental. Sin embargo, en todos los países hay
problemas para alcanzar estos objetivos y en las soluciones locales y
nacionales es preciso tener en cuenta su interrelación y el contexto mundial.
Para poder
conseguir los objetivos de desarrollo y sostenibilidad, debemos distinguir dos
áreas de acción. Una de ellas es el desarrollo de la tecnología: mejoramiento
constante de los cultivos, árboles, peces y ganado, y prácticas sostenibles
relativas al uso del agua, la energía y otros recursos naturales. Sin embargo,
los objetivos sólo se pueden alcanzar si prestamos atención a una segunda área
de acción: la capacidad organizativa, la formulación de políticas y el
desarrollo institucional. Por ejemplo, el uso de nuevas tecnologías se suele
basar en la existencia de mercados con precios remunerativos, acceso al
crédito, insumos y una variedad de otros servicios y formas de apoyo que a
menudo se pasan por alto.
Las
tendencias de las inversiones en investigación y desarrollo agrícola son un
componente contextual sumamente importante para alcanzar los objetivos de
desarrollo y sostenibilidad. La razón es que, en general, cuando se trata de
financiamiento público las posibilidades de incorporar los intereses de las
personas desfavorecidas y las cuestiones ambientales son mayores que cuando el
financiamiento proviene de fuentes privadas. Las inversiones en investigación y
desarrollo agrícola continúan aumentando, pero la tasa de crecimiento disminuyó
durante los años noventa. Además, las tendencias de las inversiones en los
distintos países son cada vez más divergentes. En muchos países
industrializados la inversión en investigación y desarrollo agrícola con
financiamiento público se ha detenido o ha disminuido y ha pasado a ser una
pequeña proporción del gasto total en ciencia y tecnología. En muchos países en
desarrollo también se ha observado una paralización o reducción de las
inversiones en investigación y desarrollo agrícola con financiamiento público, con
excepción de unos pocos países, a menudo más industrializados. La inversión
privada ha aumentado en los países industrializados, pero su volumen sigue
siendo pequeño en los países en desarrollo. Hace falta recopilar datos
completos para poder realizar una evaluación más cabal del estado de la
investigación y desarrollo agrícola, con inclusión de aspectos tales como la
extensión agrícola, los CCTA tradicionales y locales, la evolución de los
sistemas de cultivo, las ciencias sociales, ciertas investigaciones del sector
de salud, y la mitigación y adaptación al cambio climático [Capítulo 8].
Las
inversiones públicas en CCTA pueden generar tasas de rentabilidad económica del
orden del 40% al 50% en condiciones de mercado favorables y contribuir al logro
de los objetivos de desarrollo y sostenibilidad. Sin embargo, estas inversiones
también pueden generar costos y beneficios sociales, ambientales, culturales y
en materia de salud, algunos de los cuales se consideran externalidades
(positivas y negativas) y efectos secundarios [Capítulo 2]. Estos efectos de
naturaleza no económica también son importantes para la sociedad, pero no se
suelen incluir en los análisis convencionales de las tasas de rentabilidad
porque presentan problemas de atribución, cuantificación y valoración. Además,
en esos análisis no se tiene en cuenta la distribución de los costos y
beneficios entre las clases económicas y los grupos de partes interesadas
[Capítulo 8].
Insert Figure GSDM-3. Public and private
agricultural R&D spending by region, 2000.
Desafíos de alcance mundial
Desafío:
Reducir el hambre y mejorar la salud y la nutrición de las personas
Seguridad
alimentaria: Los CCTA formales, tradicionales y locales han
contribuido a abordar el problema del hambre, la seguridad alimentaria y la
salud y nutrición humanas [Capítulo 2]. El considerable aumento de la
productividad agrícola en los últimos 50 años ha permitido reducir los
indicadores relativos al hambre y la malnutrición, mejorar la salud y los medios
de subsistencia de millones de personas, e impulsar el crecimiento económico de
muchos países. La producción mundial de granos ha aumentado más del doble desde
1961: los rendimientos medios por hectárea han aumentado alrededor del 150% en
muchos países de ingreso alto y de ingreso bajo, con excepción de la mayoría de
las naciones de África al sur del Sahara. Los aumentos de la producción se
atribuyen a la mejora de las variedades de cultivos y del ganado, el manejo del
suelo, un mayor acceso a los recursos (nutrientes y agua), los avances en
materia de infraestructura, las iniciativas en materia de políticas, el microfinanciamiento,
la educación, una mejor comunicación, y los avances en los sistemas del mercado
y el comercio. A nivel mundial, hasta hace poco, los alimentos se habían vuelto
más baratos y la disponibilidad media de calorías había aumentado. A mediados
de los años sesenta, el 57% de la población mundial habitaba en países donde la
disponibilidad media de calorías no llegaba a las 2.200 kcal; ahora la
proporción es del 10%. Los avances registrados en China, India, Brasil e
Indonesia son los principales responsables de esta notable mejora de la
nutrición media [Capítulo 3].
Insert Figure-GSDM 4a. Total agricultural output.
Insert
Figure-GSDM 4b. Global trends in output; N, P, irrigation and pesticide use.
A
pesar de los grandes adelantos de las tecnologías agrícolas, sigue habiendo problemas
que requieren acciones en otros ámbitos, tales como la gestión de gobierno. Con
el tiempo, los considerables aumentos de la producción agrícola han tenido un
efecto disparejo sobre la seguridad alimentaria. El hambre, la malnutrición y
la inseguridad alimentaria siguen siendo un problema grave que afecta a
millones de personas, sobre todo en Asia meridional y África al sur del Sahara
[Capítulos 1, 3 y 4]. Además, el aumento previsto de la población mundial y de
los ingresos en los próximos 50 años generará una mayor demanda de alimentos.
Los cambios demográficos —el envejecimiento de la población, la urbanización,
las variaciones de los patrones de consumo de alimentos y la distribución del
ingreso— están generando cambios en los modelos dietéticos que producen efectos
positivos y negativos para la salud [Capítulos 5 y 6]. Si básicamente se
mantienen las políticas y prácticas actuales, las proyecciones indican una
probable restricción de los mercados mundiales de alimentos y una creciente
escasez de recursos, situación que afectará negativamente a los consumidores y
los productores pobres [Capítulo 5].
Se
prevé que el acelerado aumento de la demanda de carne y leche hará que aumente
la competencia por tierras con cultivos y ejercerá presión sobre el precio del
maíz y otros cereales y harinas. Esto se debe a que para producir una caloría
de huevo o de leche se requieren 4,5 calorías derivadas de cultivos vegetales,
y para producir una caloría de carne de res o de cordero se necesitan 9 calorías
derivadas de cultivos vegetales. Por lo tanto, un aumento de la demanda
asociado generalmente con un aumento de los ingresos puede desencadenar cambios
estructurales en el sector ganadero que podrían tener importantes repercusiones
ambientales, pero que no mejorarán necesariamente la nutrición de las personas
pobres, ni se traducirán en mejores oportunidades para todos los pequeños
productores.
El
aumento del número de cabezas de ganado previsto hasta el año 2050 varía según
la región y la especie, pero las proyecciones indican que, de mantenerse las
actuales políticas y prácticas, la producción ganadera aumentará
considerablemente en casi todos los países en desarrollo. De acuerdo con esta
proyección, es necesario aumentar los recursos asignados a investigaciones
relacionadas con la ganadería; adoptar una estrategia integrada con respecto a
los sistemas de tierras de pastoreo y sistemas mixtos de cultivos y cría de
ganado para poder resolver los numerosos problemas que afectan a la producción
ganadera intensiva, y ofrecer mejores perspectivas para encontrar soluciones
sostenibles [Capítulos 3 y 5].
Los
ecosistemas marinos, costeros y de agua dulce se han visto gravemente alterados
en los últimos 50 años, lo que ha hecho disminuir su productividad, su capacidad
de adaptación al estrés y el potencial para contribuir a la seguridad
alimentaria del futuro. En años recientes, la producción mundial de la pesca de
captura ha disminuido debido a la sobrepesca causada, a su vez, por las
deficiencias en materia de gestión, la adopción de prácticas de pesca
inadecuadas y la escasa comprensión de las estrategias de gestión centradas en
los ecosistemas. Las proyecciones para el futuro indican que las pesquerías de captura
continuarán reduciéndose y que los ecosistemas acuáticos seguirán degradándose,
lo que significará una grave amenaza para la seguridad alimentaria. La
tecnología pesquera ha superado el ritmo de avance y aplicación de sólidos conocimientos
científicos y de gestión. La creación y uso no regulado de equipos de pesca,
tales como sistemas de arrastre en gran escala, redes de enmalle y palangres y de
otras prácticas de pesca destructivas, tales como el uso de dinamita y cianuro,
han dañado la productividad de los ecosistemas y hábitats de los que depende la
actividad pesquera [Capítulo 6].
La
producción de alimentos y el precio de estos últimos pueden verse afectados por
el aumento de la producción de biocombustibles debido a la competencia por la
tierra y los recursos naturales. Es probable que el acceso limitado a la tierra
por parte de los pequeños agricultores restrinja su capacidad de suministro y de
obtener beneficios de este nuevo mercado. Un aspecto igualmente crítico es que
algunos cultivos que se emplean para producir biocombustibles líquidos
requerirán grandes cantidades de agua, un recurso que ya impone grandes
restricciones a la agricultura en muchas partes del mundo [Capítulo 3].
Seguridad
alimentaria: Situación
existente cuando todas las personas tienen en todo momento el acceso físico, social
y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfacen sus
necesidades y preferencias alimentarias para llevar una vida activa y sana.
(FAO, El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2001)
La soberanía
alimentaria se define como el derecho de los pueblos y los estados
soberanos a determinar democráticamente sus propias políticas agrícolas y
alimentarias.
El
sistema alimentario globalizado afecta a los sistemas alimentarios locales en
que se basan los medios de subsistencia de los pobres [Capítulos 2]. Los bajos
precios de los productos básicos importados —en contraste con los precios de
los alimentos elaborados— pueden favorecer a los consumidores pobres de los
países en desarrollo que son importadores netos de alimentos (siempre que
existan los mecanismos institucionales apropiados), pero las importaciones a
precios por debajo del costo de producción local perjudican a los agricultores
nacionales y restringen el desarrollo rural. Las inversiones en CCTA que ayudan
a los sistemas alimentarios locales a sobrellevar las crisis ambientales y
económicas pueden contribuir a estabilizar la producción y a aumentar la
seguridad alimentaria, siempre y cuando se adopten políticas adecuadas para
proteger temporalmente a los mercados locales.
Mejorar
la salud y la nutrición de las personas: Los peligros para
la inocuidad de los alimentos, es decir, contaminantes o agentes biológicos,
químicos o físicos que amenazan la salud humana o la biodisponibilidad de nutrientes,
pueden presentarse en cualquier punto de la cadena de alimentos. Las toxinas
producidas por elementos patógenos, tales como las microtoxinas, los metales
pesados y otros contaminantes, y los residuos de medicamentos veterinarios y plaguicidas
pueden tener consecuencias adversas, incluso letales, a corto o largo plazo,
sobre la salud humana cuando se encuentran presentes en los sistemas
alimentarios. Estos peligros aumentan cuanto más larga sea la cadena de
alimentos. Como consecuencia de los brotes de enfermedades transferidas de los
alimentos, tales como la salmonelosis y la encefalopatía espongiforme bovina
(enfermedad de las vacas locas), ha aumentado la exigencia de que se
establezcan normas de seguridad alimentaria [Capítulo 2]. Las inquietudes
acerca de la presencia de organismos genéticamente modificados en los alimentos
y forrajes, así como las preferencias del consumidor han incrementado la exigencia
de que se establezcan normas de seguridad alimentaria y ha motivado a los
países a elaborar y poner en práctica reglamentaciones destinadas a resolver
esta cuestión[4]
[Capítulo 2].
Se
prevé que seguirá aumentando la demanda de productos sometidos a estrictas
normas de calidad e inocuidad, lo que creará un mercado al que sólo tendrán
acceso los productores y elaboradores de alimentos que cuenten con suficiente
capacidad y conocimientos en términos de CCTA (por ejemplo, manejo poscosecha
de los productos). En los países en desarrollo, es probable que la mejora de
las normas nacionales de calidad dependa del aumento del nivel de conocimientos
y de conciencia de la población sobre los efectos que tienen en la salud las preferencias
nutricionales y las prácticas de producción más seguras y de la ampliación de
las regulaciones sobre salud pública, las leyes sobre responsabilidad y la infraestructura
de laboratorios [Capítulos 5 y 8].
La
dieta es uno de los principales factores de riesgo relacionados con las
enfermedades crónicas. La malnutrición sigue siendo una causa de muerte
importante, especialmente entre los niños, pero a ella se han sumado otras enfermedades,
que a menudo están correlacionadas, tales como la obesidad, las cardiopatías,
los accidentes cerebrovasculares, la diabetes, el VIH/SIDA y el cáncer. Las
enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte tanto en los
países industrializados como en los países en desarrollo [Capítulos 1 y 3]. Las
variaciones de precios y de la disponibilidad de alimentos, sumadas a factores
ambientales, sociales y demográficos (por ejemplo, la urbanización), han dado
por resultado una transición alimentaria en todo el mundo que ha afectado de
diferente manera a los distintos grupos sociales. De hecho, en una amplia gama
de países coexisten la desnutrición y el consumo excesivo de alimentos. Las
dietas desequilibradas suelen estar relacionadas con una baja ingesta de frutas
y hortalizas y un alto consumo de grasas, carne, azúcar y sal. Sin embargo,
muchos alimentos tradicionales son ricos en micronutrientes y podrían tener
beneficios para la salud si se les diera más importancia en los sistemas de
producción y en la dieta.
Las
enfermedades infecciosas, incluidas las pandemias del VIH/SIDA y el paludismo,
se cuentan entre las principales causas de morbilidad y mortalidad en todo el
mundo y están afectando gravemente la seguridad alimentaria en algunos países
en desarrollo. Aparte de los serios problemas que plantean estos males, se
prevé que aparecerán o se propagarán otras enfermedades relacionadas con la
actividad agrícola. La incidencia y el alcance geográfico de muchas de estas
enfermedades guardan relación con los sistemas de producción (cultivos y cría
de ganado en forma intensiva), y con factores económicos (expansión del
comercio internacional), sociales (cambio de los modelos de dieta y los modos de
vida), demográficos (crecimiento de la población y migración), ambientales (uso
de la tierra y cambio climático a nivel mundial) y biológicos (mutaciones
microbianas). La mayoría de estos factores seguirán siendo importantes y pueden
intensificarse durante el presente siglo.
Las
consecuencias socioeconómicas son graves cuando las enfermedades se propagan
ampliamente entre las poblaciones humanas o animales (por ejemplo, la lengua
azul), o cuando pasan de reservorios animales a huéspedes humanos (por ejemplo,
la gripe aviar). Los patógenos que infectan a más de una especie huésped son
especialmente preocupantes. En gran medida debido a que el sistema alimentario
se ha globalizado, el aumento de la frecuencia con que aparecen las enfermedades
afectará tanto a los países de ingreso alto como a los de ingreso bajo
[Capítulo 3]. La exposición a productos agroquímicos tóxicos que se utilizan en
una gran variedad de sistemas agrícolas está afectando la salud de los productores,
los trabajadores y las comunidades. La observancia de reglamentaciones
estrictas y la ejecución de estrategias eficaces de gestión de riesgos pueden
ayudar a reducir la exposición, pero no eliminan el riesgo.
En la
literatura médica y científica existe abundante documentación acerca de los
riesgos para la salud y el medio ambiente y los efectos de los productos agroquímicos.
Si embargo, actualmente el grado de comprensión del impacto de las plantas,
animales y microorganismos transgénicos es menor. Esta situación hace necesaria
una amplia participación de las partes interesadas en la toma de decisiones,
así como más investigaciones en el ámbito público acerca de los riesgos
potenciales [Capítulos 2 y 3].
Insert Figure GSDM-5. Research budgets of
CGIAR, Monsanto and NARS in South America
Desafío:
Reducir la pobreza y mejorar los medios de subsistencia en las zonas rurales
Los
CCTA tienen la capacidad de mejorar los medios de subsistencia, aunque sus
efectos varían de una región a otra y entre los distintos grupos sociales. La
capacidad para acceder a los CCTA y beneficiarse de ellos no es pareja, ya que
los países industrializados obtienen más beneficios que los países en
desarrollo (en especial, los de África). El valor agregado por trabajador
agrícola en los países miembros de la OCDE en 2003 era de US$23.081, con una
tasa de crecimiento del 4,4% al año entre 1992 y 2003. Las cifras
correspondientes a África eran de US$327 y 1,4%, respectivamente. Estas
disparidades son, en parte, el resultado de la trayectoria histórica, social,
económica y política, y de las políticas vigentes. Según las proyecciones, los
países en desarrollo dependerán cada vez más de alimentos importados [Capítulo
5], en muchos casos porque la producción local no es remunerativa ni
competitiva debido a la falta de inversiones. El empleo fuera de las
explotaciones agrícolas no aumentará necesariamente al mismo ritmo que la
pérdida de medios de subsistencia en estas últimas, y a pesar de que la
proporción de personas que trabajará en la agricultura disminuirá con la urbanización,
no se prevé una reducción de la población rural.
Existen
muchas razones para que se produzca una expansión del comercio agrícola:
aumento de las relaciones interregionales, aumento de la demanda de alimentos y
especialización en productos básicos facilitada por la liberalización del
comercio. La globalización y la liberalización afectarán de distinta manera a
los países y a los grupos dentro de los países. Es probable que aumente el
comercio agrícola entre los países en desarrollo; también es probable que
aumente el déficit de comercio agrícola con los países industrializados, mientras
que estos últimos seguirán registrando superávits de comercio agrícola [Capítulo
4]. En los mercados urbanos del mundo en desarrollo donde el acceso desde y
hacia las zonas rurales es limitado podría registrarse una dependencia cada vez
mayor de las importaciones, que ofrecen alimentos más baratos pero menoscaban
el empleo y los medios de subsistencia en las zonas rurales y refrenan la
inversión en actividades orientadas a mitigar la degradación de la tierra. Los desequilibrios
comerciales también favorecen una agricultura de uso intensivo de energía e
insumos que actualmente no internaliza los costos ambientales o sociales de la
producción, lo cual constituye un planteamiento cada vez más insostenible.
Desafío:
Aumentar la sostenibilidad ambiental
En
los últimos 100 años, el sector agrícola ha simplificado los sistemas de
producción a fin de maximizar las cosechas de un solo componente, ignorando,
por lo general, otras funciones y servicios ecológicos de apoyo,
aprovisionamiento y regulación. La asociación de estas prácticas con políticas
de incentivos que distorsionan los precios de los recursos a menudo se ha
traducido en la degradación de los recursos ambientales y naturales (por
ejemplo, deforestación, introducción de especies invasivas, aumento de la
contaminación y de las emisiones de gases de efecto invernadero).
Actualmente,
la agricultura es responsable del 60% y el 50% de las emisiones de CH4
y N2O, respectivamente, provocadas por las actividades humanas en
todo el mundo. Durante los últimos 50 años, la base de recursos naturales de
que depende la agricultura ha disminuido a un ritmo más rápido que en cualquier
otro momento de la historia debido al aumento de la demanda de dichos recursos
y a su degradación a nivel mundial: se ha perdido el 75% de la base genética de
los cultivos agrícolas. El deterioro de las funciones que cumplen los
ecosistemas (por ejemplo, el ciclo de los nutrientes y del agua) restringe la
producción y en muchas regiones puede limitar la capacidad de los sistemas
agrícolas de adaptarse a los cambios climáticos y de otra índole de alcance
mundial. La agricultura sostenible forma parte de la solución a los actuales
cambios ambientales. Como ejemplo cabe señalar el aumento de la retención de
carbono en el suelo y la biomasa, la reducción de las emisiones de CH4
y N2O que producen los arrozales y la ganadería, y la disminución
del uso de fertilizantes inorgánicos. Cuando se adoptan políticas apropiadas se
pueden promover medidas para mitigar las emisiones de gases de efecto
invernadero y aumentar la retención de carbono.
Según
una evaluación exhaustiva del manejo del agua en la agricultura titulada Water for Food, Water for Life: A Comprehensive
Assessment of Water Management in Agriculture, para el año 2050 la
agricultura seguirá siendo la principal fuente de consumo de agua dulce en la
mayoría de las regiones, aunque según las proyecciones, la proporción
disminuirá en relación con el uso del agua en el sector industrial y en los
hogares. De mantenerse los usos actuales de este recurso, las proyecciones
indican que el aumento de la población y los cambios del régimen de
alimentación harán aumentar en un 70% a un 90% el consumo de agua en la producción
de alimentos y fibras. Si aumenta la demanda de energía producida a partir de
biomasa, el problema puede agravarse. Además, se intensificará la competencia
por los recursos hídricos entre los distintos sectores, lo cual exacerbará las
presiones sobre los productores de los países en desarrollo. En muchas regiones
se prevé una disminución de la fiabilidad del suministro de agua para la
agricultura debido al cambio climático y a la creciente variabilidad del clima;
no obstante, los CCTA tienen un gran potencial para mejorar la gestión de los
recursos hídricos tanto en la agricultura de secano como en la de riego.
Insert
Figure GSDM-6. Areas of physical and economic water scarcity. Source: IWMI,
2007
Las
variaciones previstas de la frecuencia y la gravedad de los fenómenos
climáticos extremos, además del aumento de los riesgos de incendio, plagas y
enfermedades, tendrán repercusiones importantes en la producción agrícola y la
seguridad alimentaria. Se prevé que los efectos del cambio climático en el rendimiento
de los cultivos, la pesca, la silvicultura y la ganadería variarán de una
región a otra; en general, las regiones tropicales y subtropicales
experimentarán efectos negativos, como inundaciones y sequías atípicas,
mientras que las regiones templadas tendrán temporadas de cultivo más
prolongadas y, por lo tanto, la producción agrícola será mayor en presencia de
cambios climáticos moderados (aumento de la temperatura de 2°C a 3°C)
[Capítulos 1 y 5]. Algunas zonas templadas de clima seco se pueden volver más
secas aún, con la consiguiente reducción de su potencial de producción
agrícola.
Insert
Figure GSDM-7. Projected impacts of climate change. Source: Stern Review, 2007
Desafío:
Mejorar la sostenibilidad social y aumentar la equidad
No es
posible avanzar hacia la consecución de los objetivos de sostenibilidad y
desarrollo si no se toman en cuenta de manera más decisiva los conocimientos,
las habilidades y la experiencia de las mujeres y no se reorientan los CCTA
para ofrecer oportunidades a estas últimas. Las agricultoras, procesadoras y
trabajadoras agrícolas se han beneficiado en menor medida de los CCTA que los
hombres en general, y las mujeres pobres han sido las más postergadas. Los
esfuerzos orientados a eliminar las desigualdades con respecto al acceso de las
mujeres a los recursos de producción, oportunidades de educación y formación
ocupacional, información y servicios de extensión no han tenido mucho éxito.
Muchos de los obstáculos sociales, operacionales y relacionados con las
políticas que impiden lograr progresos más equitativos son bien conocidos, como
también lo son los costos públicos y privados de un modelo de desarrollo tan
desigual, y los factores que desalientan una acción más decidida. Las
actividades de apoyo orientadas específicamente a promover la participación de
la mujer en funciones de gestión, por ejemplo, en la elaboración de productos
lácteos, la avicultura y la cría de ganado menor, así como en nuevas
actividades económicas tales como la producción de hortalizas, frutas y flores
de alto valor para la exportación y en diversas agroindustrias, han hecho
necesario establecer mecanismos institucionales innovadores y dar respaldo a
organizaciones de mujeres, asociaciones de mujeres empresarias y redes de
proveedores de servicios.
Insert
Figure GSDM-7. Projected impacts of climate change. Source: Stern Review, 2007
La
equidad entre los sexos forma parte importante de la equidad social. Los
hombres y las mujeres, que a menudo cumplen distintas funciones y
responsabilidades en el hogar y en la producción de alimentos, a menudo tienen
diferentes relaciones con respecto a los variados beneficios que se obtienen de
los CCTA y la innovación. Los modelos basados en el género corresponden a
contextos específicos, pero una característica constante es que las mujeres
cumplen una función fundamental en las actividades agrícolas y, sin embargo,
sobre todo los países en desarrollo, tienen acceso limitado a los recursos
productivos tales como la tierra, el trabajo, la tecnología, el crédito y el
capital (incluidas las reformas agrarias equitativas para ambos sexos) y escaso
control sobre éstos. A pesar de los avances logrados con respecto a la
sensibilización en materia de género, el acceso a los productos derivados de
los CCTA y la participación en los procesos relacionados con estos últimos
siguen siendo limitados para las mujeres y para otros grupos marginados. Se ha
prestado escasa atención a la vulnerabilidad y la exclusión social, y a la
interacción entre las oportunidades relacionadas con los CCTA y las políticas
de protección social [Capítulo 3].
Los
CCTA no pueden resolver por sí solos los sesgos e inequidades étnicas y
relacionadas con el género en el ámbito de la agricultura, pero la falta de
atención adecuada a estas cuestiones por parte de los actores en materia de
CCTA puede redundar en un aumento involuntario de la inequidad. La probabilidad
de obtener resultados más equitativos para las mujeres pobres aumenta cuando en
los centros científicos y tecnológicos se invierte de manera significativa en dotación
de personal y capacitación de mujeres y minorías étnicas. La falta de equidad
en las relaciones entre los sexos podría exacerbarse con las crisis ambientales
y económicas proyectadas. Las inversiones destinadas a mejorar la capacidad de
adaptación de los sistemas de innovación locales deberían aumentar la equidad
de los resultados en materia de CCTA [Capítulo 2].
En
general, las regiones donde existen profundas desventajas en materia de
comercio, limitaciones biofísicas y grupos sociales marginados se han
beneficiado en menor medida de las innovaciones en el ámbito de los CCTA.
Además, la distribución de esos beneficios se ha inclinado de manera desigual
hacia quienes ya poseen activos agrícolas: tierra, agua, recursos energéticos,
mercados, insumos y financiamiento, capacitación, información y comunicaciones.
La adopción de políticas y el establecimiento de mecanismos institucionales que
hagan posible la participación de los más postergados en la formulación de los
problemas relativos a los CCTA, así como en la adopción de decisiones al
respecto, puede hacer que aumente la equidad de los resultados en esta materia:
por ejemplo, círculos de investigación integrados por agricultores y
científicos y escuelas de campo para agricultores. Los regímenes de derechos de
propiedad intelectual que protegen a los agricultores y amplían la fitogenética
participativa y el control local sobre los recursos genéticos y los
conocimientos tradicionales conexos pueden aumentar la equidad. El apoyo
financiero a las organizaciones de agricultores puede permitir a estos últimos acceder
a una amplia gama de proveedores de conocimientos e información para encontrar
soluciones a situaciones concretas.
Desafío:
Establecer dispositivos de gobierno para mejorar los mecanismos institucionales
y organizativos
Los mecanismos
relativos a los CCTA entrañan decisiones éticas y juicios de valor. En algunos
casos, se ha excluido o marginado a actores clave, tales como los pequeños
agricultores, dándose preferencia a las consideraciones a corto plazo por
encima de otras a más largo plazo. En la toma decisiones sobre los CCTA se han
privilegiado algunas interpretaciones por encima de otras, lo que ha ayudado a
encauzar los CCTA formales por un camino determinado, dejándose de lado otras
opciones bien fundadas que en algunos casos tienen su origen en los
conocimientos tradicionales o en la experiencia de la sociedad civil y se
centran más en las múltiples funciones de la agricultura. Con más apoyo del
sector público para potenciar a las organizaciones de agricultores y otras
agrupaciones comunitarias puede aumentar la influencia de los pobres en los
mecanismos y la toma de decisiones relativos a los CCTA de una manera
colaborativa. Aunque no constituye una panacea, la adopción de enfoques
centrados en la comunidad para la gestión de los recursos naturales, como la
ordenación de cuencas hidrográficas, la ordenación comunitaria de los bosques,
el manejo integrado de plagas y cultivos, y el fortalecimiento de los sistemas
locales de semillas, está ayudando a promover e integrar la sostenibilidad
social y ambiental [Capítulos 2 y 3; SR-NRM].
Muchas
de las tecnologías que podrían llegar a utilizarse en los sistemas de cultivo
sostenibles no se adoptan porque los pequeños agricultores carecen de los
medios y los servicios de apoyo necesarios para utilizarlas en forma rentable.
Aquellos que pueden acceder a información, crédito, insumos, servicios y
mercados están en mejores condiciones de aprovechar los CCTA formales,
ampliándose así las disparidades dentro de las comunidades agrícolas. Con el
tiempo, una tecnología puede extenderse a otros grupos, pero dado que los
beneficiarios de cada nueva tecnología suelen ser siempre los mismos
agricultores, la consiguiente presión sobre los precios a los productores
agrícolas conduce, a la larga, a la marginalización de aquellos que no pueden
mantenerse a la altura y al aumento de la escala de actividades de quienes
siguen adelante. La ventaja comparativa demuestra la eficiencia teórica de
dicho desplazamiento de trabajadores a otros sectores donde pueden emplearse
productivamente. Sin embargo, las condiciones en las zonas rurales pueden hacer
que aumente el número de personas que participen en desórdenes civiles o
insurrecciones, e impulsar a otros a migrar de manera no regulada dentro del
país o al extranjero, imponiendo costos que resultan inmanejables en el corto
plazo. Puede suceder que las economías nacionales estancadas y las áreas
urbanas no ofrezcan mejores medios de subsistencia ni una salida para escapar
de la pobreza.
Estos
dilemas exigen tomar decisiones difíciles. Para ofrecer oportunidades realistas
a los pequeños agricultores en las explotaciones agrícolas se requieren
inversiones y mecanismos institucionales que creen las condiciones en que los
CCTA formales reduzcan los riesgos y aumenten la rentabilidad de la actividad
agrícola. En el pasado, esto se ha considerado en gran medida una tarea del
sector público; el desafío para el futuro radica en comprometer la
participación de una gama más amplia de actores, más allá del sector público,
incluidas las organizaciones de agricultores y empresas comerciales [Capítulo
3]. El gobierno debe tener la capacidad de comprender y, cuando sea necesario,
regular el sector privado, por ejemplo, mediante el uso de sistemas de seguimiento
y la exigencia del cumplimiento de las reglas, lo que ayudará a evitar
conflictos de interés en la toma de decisiones relativas a los CCTA. Las
universidades y los institutos de investigación que reciben volúmenes importantes
de financiamiento privado tendrán que establecer mecanismos de fiscalización y
códigos de conducta que les permitan mantener su independencia.
Los
numerosos mecanismos institucionales que vinculan los CCTA con sus aplicaciones
prácticas son uno de los campos más ampliamente estudiados en las ciencias
sociales aplicadas. Los análisis basados en la experiencia empírica demuestran
fehacientemente que la transferencia de tecnología ha sido hasta la fecha el
modelo institucional más usado en el sector público para el suministro de
tecnología basada en el conocimiento científico. Este modelo ha permitido
mejorar la productividad y ampliar la escala de las actividades cuando se ha
aplicado a tecnologías debidamente administradas y pertinentes para los agricultores
beneficiarios, y en presencia de las condiciones necesarias, tales como acceso
a los mercados y a servicios eficaces. El modelo en cadena (chain-linked) es el que se usa más
ampliamente en el desarrollo comercial impulsado por la demanda y es probable
que adquiera más importancia a medida que los mercados modernos penetren más
profundamente en las zonas rurales. Este modelo se basa en la retroalimentación
sistemática a partir de las investigaciones de mercado sobre los perfiles y las
preferencias de los consumidores a lo largo del proceso de diseño tecnológico y
prueba de prototipos.
En
general, ninguno de los dos modelos ha sido completamente eficaz para promover objetivos
de sostenibilidad combinados con objetivos de desarrollo. Los modelos que promueven
el desarrollo de sistemas de innovación a lo largo de las cadenas de valor y
una amplia participación de los interesados orientan los CCTA hacia la creación
de oportunidades que se pueden materializar. Para que los agricultores puedan
gestionar los ecosistemas agrícolas de una manera sostenible se deben adoptar modelos
basados en una comprensión común de los principios y en la coordinación de las
prácticas a lo largo de múltiples escalas [Capítulo 2].
Diversas medidas de acción
Muchos
de los desafíos que enfrentará la agricultura en los próximos 50 años harán
necesario aplicar de manera más integral los actuales avances científicos y
tecnológicos (tanto formales como tradicionales y comunitarios), así como
nuevas estrategias de gestión en la agricultura y los recursos naturales. Otros
problemas sólo podrán resolverse mediante el desarrollo y la aplicación de
nuevos CCTA [Capítulo 6].
Qué
estrategias serán las más adecuadas para alcanzar los objetivos de desarrollo y
sostenibilidad es una pregunta controvertida que refleja diferentes supuestos
sociales y políticos, intereses y valores. En muchas áreas del discurso
científico y tecnológico se tiende a dar una sola interpretación, que atribuye
causas y efectos a algunos acontecimientos o situaciones y no a otros. Esta
selectividad tiene implicancias importantes para proyectar la ciencia en
direcciones específicas. Para elaborar políticas eficaces es fundamental
reconocer que existen narrativas bien fundadas y en pugna de los enfoques de la
ciencia y la tecnología. En muchos casos, ya existen estrategias relativas a
los CCTA que reconocen las diversas funciones que deben cumplir los sistemas
agrícolas sostenibles (por ejemplo, producción, medios de subsistencia,
servicios de los ecosistemas) y algunos CCTA reconocen la diversidad biofísica,
socioeconómica y cultural entre sistemas agrícolas que requieren soluciones
específicas. Por ejemplo, cuando se combinan innovaciones originadas en la
comunidad y conocimientos locales con CCTA formales, tales como la agroecología
y la agrosilvicultura, se pueden abordar problemas pertinentes a la población
pobre de las zonas rurales [Capítulo 3].
Cuando
se incorporan los conocimientos especializados y la experiencia de otros
sectores hay más posibilidades de encontrar soluciones para aumentar la
productividad, proteger los recursos naturales y los medios de subsistencia y
minimizar el impacto negativo de la agricultura en el medio ambiente. Los
conocimientos y las tecnologías de sectores tales como las comunicaciones, la
energía y la salud, así como la cultura y las artes, pueden aumentar la
capacidad de la agricultura para ayudar a alcanzar los objetivos de desarrollo
y sostenibilidad. Habida cuenta de sus diversas necesidades y recursos, los agricultores
deben tener varias opciones para responder ante los desafíos y para hacer
frente a la creciente complejidad de las tensiones a que se ven sometidos en el
desarrollo de sus actividades [Capítulos 2 y 3].
Para crear
esas oportunidades se requieren cambios más específicos, tales como suministro
de apoyo institucional y de infraestructura a los agricultores pobres de los
países en desarrollo (por ejemplo, acceso a la tierra y el agua, servicios de
transporte, CCTA, información sobre mercados, ingreso a los mercados de productos
de más alto valor, protección contra la competencia injusta), políticas de
abastecimiento de alimentos y convenios entre consumidores de economías
industrializadas y productores de países en desarrollo, así como apoyo a las
organizaciones de agricultores y para el establecimiento de convenios entre
agricultores dentro de un país o entre países [Capítulos 2, 3 y 7].
Existe
una necesidad urgente de generar y retener los conocimientos en el sector
agrícola. Las autoridades locales, los gobiernos nacionales y las
organizaciones internacionales pueden fomentar y desarrollar esta capacidad
invirtiendo en educación y promoviendo nuevas destrezas y tecnologías en todas
las comunidades agrarias. Entre las opciones de política cabe señalar las
siguientes: 1) reformar los programas de estudio en todos los niveles, a fin de
hacer más atractivos los estudios agronómicos e imprimirles mayor relevancia a
nivel de la sociedad, 2) aumentar el acceso a la educación tecnológica y a la
ciencia —impartir sólidos conocimientos agrícolas y sobre gestión de
ecosistemas agrícolas a todos los que trabajan en el sector de agricultura—, 3)
aumentar la colaboración entre ministerios (de agricultura, recursos hídricos,
medio ambiente, educación) y universidades, 4) crear infraestructura para
facilitar el uso de la tecnología de la información y las comunicaciones en los
sistemas educativos formales e informales, 5) movilizar fondos de diversas
fuentes para apoyar la reforma de la educación agrícola y 6) promover la
participación de las universidades en la recuperación y el reconocimiento de
los conocimientos tradicionales y locales, e incluir la participación de los
agentes de esos conocimientos tradicionales en el diseño de los programas de
estudio [Capítulos 2, 3 y 7].
Reducir el hambre y mejorar la salud y la
nutrición humanas
Reducir
el hambre y aumentar la seguridad alimentaria. Muchos de los
desafíos que enfrentará la agricultura en los próximos 50 años podrán
resolverse mediante la aplicación más focalizada de los actuales CCTA, reformas
institucionales, enfoques para una gestión de la agricultura y los recursos
naturales conforme a los procedimientos modernos y tradicionales, y avances
científicos y tecnológicos. Algunos ejemplos para mejorar la gestión de los
recursos son un mejor manejo del suelo y gestión del agua para aumentar la
retención de agua y reducir la erosión; el fortalecimiento de la capacidad de
las organizaciones para hacer frente a la incipiente escasez de agua mediante
el aumento de la productividad de este recurso y un mayor valor por unidad de
agua utilizada; la adopción más generalizada de las medidas de conservación del
suelo; el uso de técnicas microbiológicas para frenar las enfermedades en el
suelo, y la utilización de bacterias capaces de solubilizar el fósforo. Otros ejemplos
de cómo se pueden utilizar los actuales CCTA son el control integrado de plagas
con apoyo de experimentos y aprendizaje por parte de los agricultores; técnicas
moleculares, y simulación de la dinámica de las plagas y especies exóticas a
fin de reducir la dependencia de productos químicos para mantener la salud
humana y de los ecosistemas y, al mismo tiempo, hacer frente a la incipiente
amenaza de plagas que plantea el cambio climático. Los sistemas integrados de
cultivos, árboles, ganadería y pesca se pueden intensificar y manejar como
sistemas agrícolas multifuncionales, que producen menos consecuencias negativas
para los ecosistemas [Capítulo 6].
Otras
opciones para el futuro incluyen nuevas técnicas de cultivo y mejores variedades
de cultivos, ganado, peces y árboles, desarrollados mediante procesos
acelerados tales como propagación y reproducción tradicional y participativa en
combinación con métodos de selección asistida por marcadores, la genómica y la
tecnología transgénica. Estas opciones podrían facilitar la adaptación a una
gama más amplia de hábitats y condiciones bióticas y abióticas, aumentar los
rendimientos, mejorar la calidad nutricional de los alimentos, obtener
productos no tradicionales y complementar nuevos sistemas de producción,
siempre y cuando se puedan abordar adecuadamente los riesgos ambientales y
sociales. Los avances integrados de la nanotecnología, la teledetección, los
sistemas de información geográfica, los sistemas mundiales de determinación de
la posición y la tecnología de la información y las comunicaciones podrían
ofrecer oportunidades para el desarrollo de una agricultura para lugares
específicos en que los recursos se utilicen de una manera más eficiente[5]
[Capítulo 6].
Los
CCTA se pueden utilizar para mitigar las emisiones de gases de efecto
invernadero producto de la actividad agrícola y para aumentar los sumideros de
carbono y mejorar la adaptación de los sistemas agrícolas a los efectos del
cambio climático. La adopción de nuevas tecnologías podría reducir la dependencia
de la agricultura y de la cadena de alimentos de los combustibles fósiles utilizados
en los productos agroquímicos, la maquinaria agrícola, y las actividades de transporte
y distribución. Los actuales CCTA también podrían ayudar a reducir la
dependencia de los combustibles fósiles si se introdujeran cambios en los mecanismos
institucionales y los incentivos. Las nuevas investigaciones en eficiencia
energética y fuentes alternativas de energía para la agricultura generarán
diversos beneficios para la sostenibilidad. Hay muchas posibilidades de ampliar
el uso de digestores (por ejemplo, para aprovechar el estiércol del ganado),
gasificadores y aparatos de combustión directa para generar electricidad. Hace
falta más investigación y mayores avances para reducir los costos y mejorar la
fiabilidad operacional de estos dispositivos [Capítulo 6].
Algunos
de los métodos actuales de producción de alimentos tienen posibilidades de
resolver las inequidades que genera la agricultura industrial, y de
internalizar muchos de los costos ambientales y sociales que las prácticas
modernas han externalizado. Tales métodos pueden llegar a ser eficaces si se
crean alianzas entre productores y consumidores. Una técnica de rehabilitación
de la tierra es la agrosilvicultura, que ha permitido desarrollar técnicas basadas
en la comunidad que ofrecen oportunidades para i) aumentar el rendimiento de
los cultivos de alimentos básicos y ii) crear sistemas productivos de cultivos
mixtos para productores en pequeña escala, en los que la combinación de cultivos
comerciales perennes y especies autóctonas de cultivos alimentarios evita tener
que mantener barbechos forestales improductivos durante la rotación de cultivos
y promueve la soberanía alimentaria [Capítulos 2, 3 y 7].
El
acceso a la Internet y la ampliación del uso de teléfonos móviles ya están
facilitando el intercambio de información científica, tecnológica y de mercado
entre agricultores, científicos, empresas comerciales, asesores, trabajadores
de extensión agrícola y otras partes interesadas. No obstante, las
organizaciones públicas y privadas deberán proporcionar más acceso a la
información —por ejemplo, pronósticos meteorológicos, precios de mercado y
dinámica de las plagas— a diversos grupos de usuarios. La fácil disponibilidad
de tecnologías de la información en las comunicaciones a un costo razonable ofrecerá
nuevas oportunidades para mejorar la gestión de los recursos naturales, la
seguridad alimentaria y las estrategias de las comunidades rurales para obtener
medios de subsistencia [Capítulos 3, 5 y 6].
Para
materializar el potencial de la agricultura de precisión, las tecnologías de la
información y las comunicaciones, la producción ecológica, la nanotecnología y
otras tecnologías emergentes en materia de desarrollo es necesario contar con
un desarrollo institucional que permita crear las condiciones para que esas
tecnologías puedan generar oportunidades para los productores de escasos
recursos en diversas condiciones a nivel local. Los avances tecnológicos,
institucionales y en materia de políticas van de la mano y se refuerzan unos
con otros. La seguridad alimentaria a nivel mundial y la soberanía alimentaria
a nivel nacional exigen acabar con la marginación de los productores de los
países en desarrollo [Capítulo 3].
Mejorar
la salud y la nutrición de las personas
La
promoción de la salud y de un buen nivel de nutrición no puede disociarse de
las condiciones políticas y sociales que cimientan los enfoques ambientalmente
sostenibles. Dichas condiciones incluyen una opinión pública instruida y bien
informada, un marco normativo y de aplicación, y la responsabilidad que le cabe
al gobierno de asegurar la gestión de las existencias de alimentos, el control
de la producción, comercialización, determinación de precios y distribución de
los alimentos, los preparativos en casos de desastre y otros aspectos de la
soberanía alimentaria.
La
formulación y aplicación de prácticas agrícolas acertadas, incluida la
integración de los procesos ecológicos en todos los sistemas de producción,
ayudará a asegurar la salud animal y vegetal y a promover la inocuidad de los
alimentos. En los países que no cuentan con suficientes dispositivos para
aplicar y hacer el seguimiento de las normas sobre salud ocupacional e
inocuidad de los alimentos, la mejor opción para limitar los riesgos que
entraña la exposición a productos agroquímicos consiste en eliminar el uso de
los productos de la categoría 1a/1b (productos químicos altamente peligrosos,
según la clasificación de la OMS) y promover métodos alternativos para el
control de las plagas, incluido el control integrado de plagas, métodos
agroecológicos, control biológico, cultivos orgánicos y escuelas de campo para
agricultores.
Cuando
se pueden vigilar y aplicar de una manera eficaz, las prácticas agrícolas
acertadas pueden ayudar a controlar los riesgos asociados con la contaminación
por elementos patógenos de alimentos tales como frutas y hortalizas. Las
prácticas agrícolas acertadas pueden ayudar a los países en desarrollo a hacer
frente a la globalización sin comprometer los objetivos de desarrollo
sostenible. El análisis de los peligros puede centrarse en cuestiones
relacionadas con la bioseguridad, la vigilancia y declaración de enfermedades,
la inocuidad de los insumos (incluidos los productos químicos agrícolas y
veterinarios), el control de posibles patógenos transmitidos por los alimentos
y la rastreabilidad de los alimentos. La educación del público sobre sistemas
sanitarios mejorados para la manipulación de alimentos y la asistencia
nutricional a lo largo de la cadena de producción forman parte integral del
control de los riesgos asociados a los patógenos. Habida cuenta de las nuevas
investigaciones sobre los efectos de las prácticas agrícolas en la salud humana
y ambiental, y del desarrollo de prácticas alternativas inocuas para el medio
ambiente, las normas sobre inocuidad de los alimentos deberán evolucionar de
manera que sean capaces de responder a los efectos del cambio climático, las
nuevas tecnologías y la movilidad de las personas [Capítulos 3 y 6]. Uno de los
problemas que se presentan con las prácticas agrícolas acertadas, las normas,
los sistemas sanitarios, los análisis de los peligros, etc. (particularmente en
los países más pobres), es que a menudo exigen recursos demasiado costosos y suponen
la adopción de normas de aplicación que hasta ahora están fuera de alcance.
La
integración de políticas y programas a lo largo de la cadena de alimentos puede
ayudar a reducir la propagación de enfermedades infecciosas. Cuando la atención
se centra en intervenciones en un solo punto a lo largo de la cadena, el
control de enfermedades puede no ser del todo eficiente y eficaz. El control de
las enfermedades zoonóticas exige identificar y comunicar rápidamente los
brotes de enfermedades; suministrar indemnizaciones financieras, e impartir capacitación
y mejorar la coordinación entre la infraestructura veterinaria y la de salud
pública. Para identificar enfermedades infecciosas emergentes y responder de
manera eficaz frente a éstas es necesario aumentar la capacidad epidemiológica
y de laboratorio y ofrecer oportunidades de capacitación. Si los sistemas
agrícolas y los avances en CCTA se cimentaran en principios ecológicos y
epidemiológicos se contribuiría a evitar la aparición de brotes de plagas y
enfermedades.
Entre
las estrategias para mejorar la salud nutricional cabe señalar la educación
nutricional en todos los niveles, la regulación por ley de la formulación de
productos (por ejemplo, en Suecia, prohibición de uso de ácidos grasos trans en
alimentos elaborados y, en el Reino Unido, reducción de la cantidad de sal), el
aumento de los incentivos para la comercialización de productos agrícolas frescos,
como frutas y hortalizas, y la adopción de políticas fiscales (tributación,
regímenes comerciales) que toman en cuenta los efectos en la salud de la
población. Nuevas iniciativas tendientes a utilizar especies autóctonas y
producir alimentos importantes a nivel local pueden ayudar a mejorar la ingesta
de micronutrientes [Capítulos 3, 6 y 7].
Numerosas
limitaciones (políticas, comerciales, económicas, institucionales y de mercado)
impiden utilizar cabalmente las tecnologías existentes para mejorar la
inocuidad de los alimentos y la salud pública. Para alcanzar los objetivos de desarrollo
y sostenibilidad harán falta normas y leyes de responsabilidad a nivel nacional
que sean eficaces y coherentes con las mejores prácticas internacionales,
además de la infraestructura necesaria para asegurar su cumplimiento. Dicha
infraestructura consiste en programas sanitarios y fitosanitarios para la
vigilancia de la salud animal y de las personas, capacidad para realizar
análisis de laboratorio e investigaciones (por ejemplo, personal capacitado
para llevar a cabo investigaciones) y programas de capacitación y auditoría
[Capítulo 2]. No obstante, dada la limitación de recursos y la falta de un
control eficaz de los organismos públicos en muchos países, las opciones más
eficaces son eliminar los peligros en la medida que sea posible y promover la
aplicación de políticas coherentes en apoyo de un control más seguro de las
enfermedades y las plagas. Los fondos fiduciarios nacionales y regionales y la
ampliación de la ayuda ya existente para compromisos comerciales son formas
innovadoras de financiar el desarrollo de esa capacidad [Capítulo 7].
Reducir la pobreza y mejorar los medios de
subsistencia en las zonas rurales
Los
países en desarrollo son vulnerables a las rápidas fluctuaciones de los precios
mundiales de los alimentos y es poco probable que sus sistemas agrícolas y de
producción de alimentos puedan adaptarse a las crisis ambientales, políticas y
económicas. Las opciones políticas para que estos países puedan responder
frente a las crisis y lograr la seguridad y soberanía alimentarias comprenden
un mayor control democrático (local, nacional, regional) y la participación del
sector público en la política agraria, especialmente mediante la habilitación
de las organizaciones de agricultores, y a través de los gobiernos nacionales y
los bloques comerciales a nivel regional. Otras opciones de política son 1)
mejorar la seguridad de la tenencia de la tierra y el acceso a ésta, al
germoplasma y a otros recursos, 2) diversificar los cultivos con especies de importancia
para cada lugar, 3) mejorar el acceso a los recursos (por ejemplo, crédito,
nutrientes); 4) respaldar los medios de subsistencia de la zonas rurales mediante
la transparencia en los procesos de formación de precios y mercados que
funcionen debidamente con el objeto de aumentar las ganancias de los pequeños
productores y asegurar que los precios al productor sean mayores que los costos
marginales de la producción local, y 5) fortalecer las redes de protección
social. Estas opciones suponen una transformación fundamental de los CCTA y un
enfoque de la política agrícola que abarque toda la economía[6]
[Capítulos 3 y 7].
El
aumento del comercio agrícola puede ofrecer oportunidades a los pobres. Al
mismo tiempo, hay pruebas cada vez más abundantes de que hasta ahora la
liberalización del comercio agrícola no ha beneficiado de manera significativa
a los pequeños agricultores ni a las comunidades rurales de muchos países. Las
estrategias para dar a los pequeños agricultores más oportunidades de invertir,
innovar y hacer que los CCTA resulten eficaces como instrumento para mejorar
los medios de subsistencia en las zonas rurales comprenden una serie de
opciones de política para estabilizar y aumentar los precios a los productores[7].
Estas opciones consisten en elaborar, cuando sea posible, políticas de subsidio
racionales y renovar los esfuerzos para reducir los subsidios que distorsionan
el mercado en los países en desarrollo para establecer una competencia justa en
el mercado mundial; agilizar y mejorar el dictado de medidas antidumping y proporcionar protección
temporal, y mejorar el acceso de los países en desarrollo a los mercados
internacionales y establecer nuevos acuerdos contractuales[8],
[9]
[Capítulos 3 y 7].
Aumentar la equidad
La
apertura de los mercados agrícolas nacionales a la competencia internacional
puede generar beneficios económicos; no obstante, puede tener efectos negativos
a largo plazo para el alivio de la pobreza, la seguridad alimentaria y el medio
ambiente si no se cuenta con la infraestructura y las instituciones nacionales
básicas. Si bien algunos países en desarrollo que poseen grandes sectores de
exportación han logrado aumentos globales del PIB, los sectores de los pequeños
agricultores no siempre se han visto beneficiados y, en muchos casos, han
salido perjudicados. En la mayoría de los casos de liberalización del comercio en
los que se aborda esta cuestión, el perdedor es el sector de los pequeños
agricultores en los países en desarrollo. Estos efectos distributivos hacen necesaria
la diferenciación de los marcos de política, tal como se propugna en el plan de
trabajo de Doha (trato especial y diferencial y el acceso no recíproco). Los
países en desarrollo podrían beneficiarse si en los países desarrollados y en
desarrollo se redujeran las barreras y se eliminaran los aranceles progresivos
sobre los productos básicos elaborados. También podrían beneficiarse si se
redujeran las barreras entre ellos; se diera mayor acceso preferencial generalizado
a los mercados de los países desarrollados a aquellos productos básicos que son
importantes para los medios de subsistencia en las zonas rurales; aumentara la inversión
pública en infraestructura para las actividades de poscosecha y se agregara
valor a nivel local; se mejorara el acceso de los pequeños agricultores al
crédito, y se fortalecieran los mercados regionales[10],
[11].
La
agricultura intensiva orientada a la exportación ha aumentado con la apertura
de los mercados, que en muchos casos ha tenido tanto beneficios como consecuencias
adversas, según las circunstancias, como la exportación de nutrientes del suelo
y agua, el manejo insostenible del suelo o el agua, o condiciones que
constituyen explotación laboral en algunos casos. Las innovaciones en el ámbito
de los CCTA que abordan los objetivos de sostenibilidad y desarrollo serían más
eficaces si se produjeran cambios fundamentales en las señales que envían los
precios (por ejemplo, internalización de las externalidades ambientales y pago
o retribución por los servicios ambientales)11. Además, la calidad y
la transparencia de la gestión de gobierno, incluida una mayor participación de
los interesados en las decisiones relativas a los CCTA, son fundamentales para
mejorar los resultados en materia de sostenibilidad y desarrollo [Capítulo 7].
El
establecimiento de acuerdos contractuales a largo plazo (alianzas de mercados,
cadenas de productos básicos, sistemas públicos y privados de pequeñas
explotaciones satélites, etc.) ha resultado eficaz para mejorar los medios de
subsistencia de los pequeños agricultores. Estos métodos pueden promover
actividades en la cadena de valor y generar empleo, siempre y cuando haya transparencia
y las relaciones de poder entre los participantes sean equitativas. Pueden
permitir a los pequeños productores aprovechar las oportunidades a través de
mecanismos institucionales que den acceso a los mercados y ofrezcan crédito
para la compra de insumos, semillas y plantas. En varios casos estos sistemas
han propiciado usos indebidos y corrupción, poniendo en peligro su eficacia. Es
necesario seguir estudiando el aporte que hacen estos mecanismos para
determinar si generan suficientes oportunidades en los sistemas agrícolas de
escasos recursos [Capítulo 7]. Otras opciones de política de comprobada
eficacia son ampliar el acceso al microfinanciamiento, financiar cadenas de
valor y mercados locales, mejorar las cadenas de alimentos, respaldar el
comercio justo y la agricultura orgánica como estrategias de diversificación y
para agregar valor, y fomentar las iniciativas de comercio sostenible en gran
escala emprendidas por el sector privado. Las políticas de comercio, incluida
la reducción o eliminación de los aranceles progresivos sobre los productos
agrícolas en los países importadores desarrollados y en desarrollo, junto con
el fortalecimiento de las instituciones y la infraestructura de los países
(incluido el estrechamiento de los lazos comerciales entre los mercados locales
y regionales), son factores clave que determinan si estas políticas producirán
resultados concretos favorables a los pobres [Capítulo 7].
En
ausencia de instituciones locales y nacionales sólidas que respalden los
objetivos de desarrollo y sostenibilidad, la transferencia de tecnologías para
mejorar la productividad no beneficia de manera significativa a los productores
de escasos recursos y expuestos al riesgo. La transferencia lineal de
investigaciones y tecnología a nivel mundial da como resultado una competencia desequilibrada
entre sistemas agrícolas que durante décadas han contado con el apoyo de
inversiones económicas del sector público y sistemas que jamás han recibido
inversiones públicas comparables. Las opciones de política para promover
sistemas de innovación para un desarrollo en favor de los pobres (en
contraposición a la transferencia de tecnología per se) y para aumentar la participación de estos últimos en la
gestión de los CCTA son fundamentales para alcanzar los objetivos de desarrollo
y sostenibilidad [Capítulo 7].
Tecnologías
como las variedades de cultivos de alto rendimiento, los productos agroquímicos
y la mecanización han beneficiado principalmente a los grupos dotados de
mayores recursos de la sociedad y a las corporaciones transnacionales, y no a
los más vulnerables. Para asegurar que la tecnología respalde los objetivos de
desarrollo y sostenibilidad, se requieren políticas y mecanismos
institucionales sólidos a fin de equilibrar los sistemas de derechos privados,
comunales y nacionales relativos a los conocimientos y los recursos. Las
opciones de política para corregir las deficiencias e inequidades[12]
de los actuales sistemas de derechos de propiedad intelectual y sobre los
recursos genéticos pueden incluir 1) una relación más estrecha entre los
niveles de protección y los objetivos de desarrollo; 2) la formulación de
políticas explícitas relativas a la gestión de la propiedad intelectual en las
organizaciones públicas; 3) la preservación, mantenimiento, promoción y protección
legal de los conocimientos tradicionales y la innovación de origen comunitario,
y 4) opciones para la participación en los beneficios de los recursos genéticos
y los productos derivados[13].
Se necesitan políticas sobre gestión de los recursos naturales para determinar
explícitamente la manera de compartir el acceso y la propiedad entre las
comunidades de las que provienen dichos recursos [Capítulos 3 y 7].
La
sociedad se beneficia cuando las mujeres participan en la toma de decisiones y
cuando tienen acceso a los CCTA y a recursos tales como la tierra, el agua y
los insumos agrícolas y las semillas. Los servicios de salud y de guardería
infantil y la educación promueven la participación de las mujeres en la
agricultura. Para preparar a las mujeres de escasos recursos a fin de que
puedan participar de manera eficaz en el mercado hace falta una focalización
preferencial de los CCTA y apoyo público adicional [Capítulo 5].
Sostenibilidad ambiental y gestión de los
recursos naturales
Los
avances en los CCTA pueden contribuir a crear sinergia entre crecimiento
agrícola, equidad social y sostenibilidad ambiental [Capítulos 3 y 5]. La
adopción de planteamientos integrados con respecto a los CCTA puede ayudar a la
agricultura a adaptarse a la escasez de agua, proporcionar seguridad
alimentaria a nivel mundial, mantener los ecosistemas y ofrecer medios de
subsistencia sostenibles a los pobres de las zonas rurales. La integración de
la producción de alimentos con otros servicios que prestan los ecosistemas en
sistemas multifuncionales puede contribuir a lograr múltiples objetivos (por
ejemplo, sistemas integrados de cultivo de arroz y acuicultura; sistemas
integrados de cultivos y crianza de ganado). Los CCTA pueden ayudar a aumentar
la productividad del agua mediante la reducción de las pérdidas de ese elemento
en el terreno (por ejemplo, riego de precisión y microrriego) y a través de la
fitogenética y el manejo del suelo y de los cultivos. El mayor potencial para
aumentar la productividad del agua se encuentra en las zonas de secano de los
países en desarrollo. El cultivo en curvas de nivel, el uso de caballones, la
cero labranza, el aumento de la materia orgánica del suelo y la captación de
agua pueden incrementar la retención de agua en el suelo y reducir el
escurrimiento en esas zonas [Capítulo 3]. Un mejor diseño y gestión de las
grandes presas y sistemas de riego puede ayudar a mantener los ecosistemas
acuáticos y ribereños, evitar la sedimentación y salinización y lograr una
mayor equidad entre los usuarios situados aguas arriba y aguas abajo. Es
posible mejorar la calidad del agua mediante la adopción de políticas en que se
combinen inversiones en CCTA con regulaciones con fuerza obligatoria para
reducir y prevenir la contaminación del agua subterránea y superficial con
insumos agrícolas [Capítulo 6].
La
impronta ecológica de la agricultura industrial es ya demasiado grande como
para ignorarla; según proyecciones, el aumento de los cambios ambientales a
nivel mundial en el futuro podría acrecentar aún más dicha impronta. Las
políticas que promueven una adopción más rápida de soluciones de eficacia
comprobada basadas en los CCTA para la mitigación y la adaptación al cambio
climático pueden contribuir a frenar o invertir esta tendencia y, al mismo
tiempo, mantener una adecuada producción de alimentos. Las políticas que
promueven prácticas agrícolas sostenibles (por ejemplo, utilización de incentivos
de mercado y de otra índole para retribuir los servicios ambientales) estimulan
una mayor innovación tecnológica, como la agroecología y la agricultura
orgánica para aliviar la pobreza y mejorar la seguridad alimentaria. Las
crecientes presiones sobre los recursos naturales hacen necesarias nuevas
políticas de inversión en el ámbito de los CCTA. La adopción de políticas de inversión
en CCTA innovadoras y más focalizadas es esencial para acumular capital
natural, humano, financiero, social y físico que permita promover la sostenibilidad
social y ambiental [Capítulo 8].
La
pesca sostenible exige la aplicación práctica y eficiente de un enfoque
centrado en los ecosistemas —que podría incluir una mejor vigilancia, control y
aplicación de las normas— y sustentado en un sistema de certificación. Podrían
ampliarse las zonas marinas protegidas e incrementarse los precios de las
concesiones pesqueras. Se necesita una variada gama de medidas de política con
respecto a los CCTA a fin de contar con opciones adecuadas sobre la mejor
manera de utilizar y compartir los recursos y reducir los efectos ambientales y
sociales negativos de la acuicultura. Una política apropiada sería eliminar los
subsidios otorgados a tecnologías insostenibles [Capítulo 8].
Con
el pago o la retribución por los servicios ecológicos basados en el desempeño se
reconoce la importancia de las múltiples funciones que cumple la agricultura y se
crean mecanismos para valorar y pagar los beneficios de los servicios de
conservación de recursos que prestan los ecosistemas gracias a la aplicación de
prácticas de agricultura sostenible, tales como los sistemas de producción con escasa
utilización de insumos y bajas emisiones, la labranza de conservación, la ordenación
de las cuencas hidrográficas, la agrosilvicultura, el secuestro de carbono, el
control biológico y la polinización, y la conservación de la biodiversidad
agrícola. Entre otras políticas que ya se están aplicando en diversos países
para reducir la impronta negativa de la agricultura cabe señalar la aplicación
de impuestos sobre las emisiones de carbono, el uso de productos agroquímicos y
la contaminación del agua. Estos impuestos dan incentivos para alcanzar las
metas acordadas a nivel internacional o nacional relativas a la reducción del
uso de recursos y promueven la conservación de estos últimos, así como las tecnologías
que producen bajos niveles de emisiones. También constituyen un incentivo para
la multifuncionalidad en el uso de las tierras agrícolas, lo que amplía las opciones
de los administradores de la tierra para obtener ingresos y permite incluir
información sobre la contribución a la reducción de las emisiones de carbono en
el etiquetado de los alimentos. Otra opción es prohibir las prácticas particularmente
perjudiciales en zonas muy vulnerables (por ejemplo, deforestación en las
márgenes de los bosques tropicales, uso de productos químicos tóxicos en los
afluentes de cabecera de las cuencas hidrográficas y cursos de agua cercanos).
Para alcanzar los objetivos de desarrollo, se pueden diseñar sistemas de incentivos
y normativos que aseguren la obtención de ingresos estables a los pequeños
agricultores y a las comunidades locales, tales como la certificación de la
procedencia geográfica de los productos y la agricultura orgánica. La
sostenibilidad a largo plazo y la equidad de los beneficios que generen estos
sistemas es un ámbito que requiere más investigación [Capítulos 3 y 7].
Insert Table GSDM-1. Examples
of policy approaches to advance development and sustainability goals[14]
Los CCTA
pueden cumplir un papel importante para hacer frente al cambio climático y para
mitigar los riesgos para la producción relacionados con el clima y adaptarse a
ellos. El cambio climático influye en los sistemas agrícolas y éstos influyen
en el cambio climático. Los efectos negativos directos de la variabilidad del
clima y los cambios climáticos proyectados se harán sentir principalmente en
las zonas tropicales y subtropicales. Se pueden utilizar los CCTA para mitigar
las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la agricultura,
aumentar los sumideros de carbono y la diversidad biológica (por ejemplo,
plantación de árboles y labranza de conservación) y mejorar la adaptación de
los sistemas agrícolas a los resultados bióticos y abióticos del cambio
climático. Sin embargo, como resultado de algunas de estas políticas podría
aumentar la competencia por los recursos (por ejemplo, la agricultura para
producir alimentos frente a la bioenergía y la silvicultura para fines de secuestro
de carbono). Algunos modelos que simulan niveles muy bajos de estabilización (el
equivalente de 450 ppmv de CO2) indican la necesidad de adoptar
medidas, como el secuestro de carbono y plantaciones para producir bioenergía, que
competirían con la tierra para la producción de alimentos. Con los avances en los
CCTA y la atención centrada en los conocimientos locales se podría reducir la
dependencia de la agricultura y de la cadena de alimentos de los combustibles fósiles
para la producción de agroquímicos, la maquinaria y las actividades de transporte
y distribución. Las nuevas investigaciones sobre eficiencia energética y
fuentes alternativas de energía para la agricultura producirán múltiples
beneficios para la sostenibilidad [Capítulos 3, 5 y 6].
Mediante
la adopción de un marco regulador a largo plazo (30 a 50 años), negociado,
completo, equitativo y de alcance mundial, en el que se establezcan responsabilidades
diferenciadas y metas intermedias para reducir las emisiones de gases de efecto,
se podría restringir la magnitud del cambio climático inducido por las
actividades humanas, fenómeno que según las proyecciones mermará la
productividad agrícola en las zonas tropicales y subtropicales. Se podría
ampliar el Mecanismo para un desarrollo limpio mediante la incorporación de un
conjunto completo de actividades agrícolas para mitigar el cambio climático, en
el marco de un enfoque sectorial a nivel nacional, que incluyera diversas prácticas
(por ejemplo, plantación de árboles, cero labranza, manejo de la ganadería y los
arrozales). La ventaja de estas estrategias es que pueden aplicarse a la
agricultura en pequeña escala en los países en desarrollo, pero para que sean
eficaces se requieren procesos y marcos transparentes, con una adecuada
rendición de cuentas. Otras estrategias podrían incluir la reducción de los
subsidios agrícolas a los sistemas de cultivo que fomentan la emisión de gases
de efecto invernadero [Capítulo 7].
Para
hacer frente a los desafíos e impactos del cambio climático, los CCTA serán muy
importantes para aumentar la capacidad de adaptación mediante una gestión de la
diversidad biológica con fines determinados. Entre las opciones cabe señalar la
gestión del riego, las tecnologías de captación y conservación del agua, la
diversificación de los sistemas agrícolas, la protección de la biodiversidad
agrícola y la evaluación de germoplasma para determinar la tolerancia al cambio
climático. Estas medidas tendrían que respaldarse con políticas adecuadas, una
planificación integrada del espacio, e infraestructura de alerta temprana y comunicaciones,
a fin de promover la generación y difusión de los conocimientos, tecnologías y prácticas
relativos a la adaptación al cambio climático.
Se
requiere investigación para comprender mejor las posibles ventajas y
desventajas de producir bioenergía, lo que depende en gran medida de las
circunstancias locales. Actualmente algunos países están promoviendo o
formulando políticas internas sobre biocombustibles con el propósito de
promover la creación de empleo y el desarrollo económico en las zonas rurales y
mitigar el cambio climático. Sin embargo, los efectos negativos en la pobreza
(aumento del precio de los alimentos, marginación de los pequeños agricultores)
y el medio ambiente (agotamiento del agua, deforestación) pueden ser mayores
que las ventajas y deben ser analizados cuidadosamente.
Habida
cuenta de que los biocombustibles de primera generación no suelen ser
económicamente competitivos con los combustibles derivados del petróleo, la
mayoría de las políticas sobre biocombustibles se basan en complejos subsidios
y regulaciones para promover su producción. La producción de biocombustibles en
pequeña escala podría ofrecer oportunidades como medio de subsistencia, sobre
todo en regiones y países aislados donde los elevados costos del transporte impiden
el comercio de productos agrícolas y las importaciones de productos energéticos.
La próxima generación de biocombustibles líquidos (etanol producido a partir de
lignocelulosa y tecnologías de conversión de biomasa en combustibles líquidos)
podría llegar a despejar algunas de las dudas acerca de los biocombustibles de
primera generación. No se sabe con certeza cuándo estas tecnologías podrían
estar disponibles en el mercado. Los elevados costos de capital, las grandes
economías de escala, un alto grado de complejidad tecnológica y las cuestiones
relativas a los derechos de propiedad intelectual hacen poco probable que los
pequeños países en desarrollo adopten ampliamente estas tecnologías en las
próximas décadas. Es necesario llevar a cabo investigaciones e inversiones para
explorar los riesgos y el potencial que encierran estas tecnologías [Capítulo
6].
Existen
también muchas posibilidades de ampliar el uso de digestores (por ejemplo, para
aprovechar el estiércol del ganado), gasificadores y aparatos de combustión
directa para generar electricidad, especialmente en zonas que no tienen
conexión a la red de electricidad, y como modalidad de cogeneración en las
industrias que generan residuos de biomasa (molinos de arroz y azucareros, y
fábricas de papel). Es necesario llevar a cabo investigaciones e inversiones
para estudiar sus costos y beneficios, sobre todo en los países en desarrollo
[Capítulo 6].
Mejorar los mecanismos institucionales, organizativos
y de gobierno
La
mayoría de los participantes en los procesos intergubernamentales reconocen la
importancia de que exista compromiso político y de asegurar la participación
plena y significativa de los interesados, en todos los planos, en la
formulación y aplicación de las políticas relativas a la agricultura. En
algunos países, diversos grupos, incluidos el sector privado y la sociedad
civil, colaboran en la formulación de estas políticas; para ello, se basan en
pruebas científicas y empíricas, y representan los intereses del público. En
esos casos, las políticas se han centrado en la multifuncionalidad de la
agricultura y han procurado alcanzar una amplia gama de objetivos, que incluyen
la productividad de los cultivos, el desarrollo económico sostenible, la
sostenibilidad ambiental, la salud y el bienestar social [Capítulos 2 y 3].
La
aplicación generalizada de modelos institucionales sobre CCTA capaces de
abordar conjuntamente los objetivos de desarrollo y sostenibilidad exige contar
con recursos para financiar los costos de transacción de la interacción entre
los distintos asociados como parte integral del proceso de innovación. En
algunos casos, como en los sistemas multiorganizativos en que participan
supermercados o agentes comerciales en cadenas de valor orientadas al mercado,
estos costos se pueden recuperar con las utilidades comerciales. En otros casos
se pueden necesitar subsidios estatales (por ejemplo, cuando se trata de
acuerdos entre organizaciones de agricultores, proveedores de servicios de
asesoría y redes científicas de alcance mundial) o financiamiento privado (por
ejemplo, si se trata de acuerdos entre organizaciones de agricultores,
proveedores de tecnología y organizaciones intermediarias, tales como
fundaciones de desarrollo u ONG), y se aprovechan las enseñanzas recogidas de
los éxitos y fracasos del pasado.
Entre
los mecanismos institucionales que han demostrado tener posibilidades de
promover los objetivos de sostenibilidad y desarrollo cabe señalar la
participación de los agricultores en las investigaciones en el campo de la fitogenética
y la adaptación; el suministro de fondos para investigación y desarrollo a los
usuarios de dichas investigaciones, para contratar servicios de proveedores de
CCTA, y la dotación de personal en los organismos responsables de la gestión de
los recursos hídricos para facilitar la colaboración entre diversas organizaciones
en relación con los CCTA necesarios para apoyar la ordenación de los
ecosistemas agrícolas. Otras modalidades que han demostrado tener potencial
para avanzar en la consecución de los objetivos de sostenibilidad y desarrollo
comprenden sistemas multiorganizativos para apoyar los CCTA que necesitan las
escuelas de campo para agricultores y los círculos de investigación integrados
por agricultores y científicos; redes sobre CCTA integradas por ONG,
organizaciones de agricultores e institutos de investigación; colaboración
entre proveedores de CCTA del sector público en los países en desarrollo y
entre éstos, y diversos mecanismos entre los propios agricultores [Capítulos 2
y 3].
Insert Table GSDM-2. Examples of enabling conditions for S&T to
advance development goals.
Un
número creciente de participantes contribuye a crear y mejorar las condiciones
en que los CCTA pueden producir mayores beneficios para los pequeños
productores. Estas condiciones comprenden caminos, instalaciones de mercado,
sistemas de riego y servicios para satisfacer las necesidades de los
trabajadores y pequeños productores. En algunas circunstancias los actores
públicos, particularmente a nivel de los gobiernos locales, pueden ayudar a promover
la participación, por ejemplo, de ONG, organizaciones de agricultores,
asociaciones profesionales, organizaciones científicas y del sector privado y
sindicatos en el suministro de infraestructura y servicios; en otros casos, los
agentes públicos seguirán siendo necesariamente los principales proveedores de
esos servicios.
En
algunos países, especialmente en África al sur del Sahara, los institutos de
investigación y educación financiados por el sector público se han debilitado
considerablemente. Están surgiendo formas innovadoras de colaboración, tales
como redes regionales, consorcios público-privados, una división del trabajo y
la capacidad más eficaz entre los institutos de investigación y las
universidades, y el reconocimiento de la función que cumplen las ONG y los
propios agricultores en las actividades de investigación. Algunos de los
problemas que quedan por resolver son la falta de aptitud e idoneidad en
algunos campos científicos, el desplazamiento de la capacidad a países
industrializados y al sector privado, y la falta de incentivos en el ámbito
científico en los sectores público y privado para encontrar soluciones a los
problemas que afectan a los pobres. Las cuestiones transfronterizas y de
alcance mundial hacen necesario establecer nuevos mecanismos de cooperación y
desarrollo de la capacidad que requerirán una adecuada dotación de recursos.
Inversiones
Un
mayor volumen de inversiones públicas y privadas mejor focalizadas en el ámbito
de los CCTA puede contribuir en gran medida a alcanzar los objetivos de
desarrollo y sostenibilidad. Se trata de inversiones en desarrollo de
tecnología y sistemas de gestión que permitan utilizar de manera más eficaz
recursos escasos como la tierra, los bosques, el agua y, en el futuro, los
combustibles fósiles; inversiones para ayudar a proteger los servicios que
prestan los ecosistemas mediante la reducción de las emisiones de gases de
efecto invernadero y de la contaminación del agua y la desaceleración o
inversión de la pérdida de diversidad biológica, e inversiones para controlar
las plagas y enfermedades que atacan a las plantas y los animales. También se
necesitan más inversiones en ámbitos en los que se ha demostrado que existen brechas
de conocimientos [Capítulo 8].
Los
gobiernos continuarán cumpliendo una función importante para suministrar bienes
públicos, asegurar un acceso equitativo a los CCTA y crear un entorno
institucional y de políticas propicio. La economía política y el buen gobierno
son importantes factores determinantes en la movilización de recursos para los CCTA;
también cumplen un papel significativo en la asignación de recursos entre los
diferentes componentes de los CCTA. Para que se produzcan cambios en las
decisiones de inversión relativas a los CCTA deben aumentar las exigencias de atender
las necesidades de los grupos vulnerables, así como de rendir cuentas y actuar
con transparencia [Capítulo 7].
En
los países en desarrollo, un mayor volumen de financiamiento público e
inversiones públicas mejor focalizadas en el ámbito de los CCTA puede
contribuir en gran medida a alcanzar los objetivos de desarrollo y
sostenibilidad. Dicho aumento entrañaría más inversiones del Estado para
proporcionar diversos bienes públicos mundiales. El aumento del financiamiento
se justifica habida cuenta 1) de las posibilidades de obtener una alta tasa de
rentabilidad económica de las tecnologías que emplean los agricultores en el
terreno y 2) de las pruebas de que las inversiones en CCTA pueden ayudar a
reducir la pobreza. Las inversiones públicas deben focalizarse sobre la base de
pruebas que no se limiten simplemente a la tasa de rentabilidad general, sino
que incluyan los aspectos sociales, ambientales, sanitarios y culturales, tanto
positivos como negativos, y la distribución de los costos y beneficios entre
los diferentes grupos. Un mayor volumen de inversiones en el desarrollo de
recursos humanos facilitaría la adquisición de conocimientos y habilidades en
las ciencias de vanguardia. También se requiere financiamiento para asegurarse
de que los agricultores de escasos recursos, los responsables de la gestión de
los recursos naturales y otros beneficiarios previstos de las investigaciones
participen en la toma de decisiones relativas a estas últimas [Capítulo 8].
Las
empresas privadas tanto grandes como pequeñas han sido importantes proveedoras
de insumos e innovaciones a los agricultores comerciales y de subsistencia, y
continuarán siéndolo en el futuro y, por lo tanto, pueden contribuir de manera
significativa al logro de los objetivos de desarrollo y sostenibilidad. Rara
vez proporcionan bienes públicos o bienes y servicios para los cuales no existe
mercado, pero se ha comprobado que existen importantes efectos secundarios que
se originan en los proveedores privados de tecnología y se extienden a los
agricultores y consumidores. Para obtener el máximo de beneficios de las
inversiones privadas en CCTA, los gobiernos deben establecer regulaciones para
hacer frente a las externalidades negativas y al comportamiento monopolístico,
y para promover prácticas ambientales acertadas y, al mismo tiempo, ofrecer a
las empresas incentivos para invertir en CCTA que generen beneficios para los
pobres [Capítulo 8].
La
capacidad para asignar los recursos humanos y financieros de una manera eficaz
dependerá de que mejore considerablemente la capacidad de quienes, en los
sectores público y privado, son responsables de pronosticar los cambios
ambientales, sociales y económicos, tanto a nivel local como global, y de
responder frente a ellos. Por esto se entiende la capacidad de tomar decisiones
estratégicas en materia de tecnología, de crear marcos reguladores y de
políticas públicas eficaces, y de llevar adelante iniciativas de educación e
investigación, y actividades de extensión. La participación de los
agricultores, el público en general, los escolares y otros actores en las
actividades de seguimiento y evaluación de riesgos, la mejora de la capacidad
de los sistemas de información geográfica y la creación de bases de datos y
otros sistemas de información puede ayudar a mejorar la capacidad para
establecer pronósticos en el ámbito de los CCTA, asignar los recursos de manera
adecuada y proporcionar los datos necesarios para tomar decisiones estratégicas
relativas a la tecnología.
Anexo
Reservas
acerca del informe en su totalidad
Australia: Australia reconoce que la iniciativa y los informes de la IAASTD
constituyen un importante y oportuno ejercicio multidisciplinario en el que
participan múltiples partes interesadas y que se encuentra diseñado para evaluar
y fortalecer el papel de los CCTA en la resolución de los desafíos de alcance
mundial que plantea el desarrollo. Sin embargo, la variedad de observaciones y
puntos de vista presentados es tal que Australia no está de acuerdo con todas
las afirmaciones y opciones incluidas en el informe. Por lo tanto, se toma nota
de que el informe constituye una valiosa contribución que se utilizará para analizar
las prioridades y el alcance futuros de los CCTA en relación con el objetivo de
asegurar el crecimiento económico y el alivio del hambre y la pobreza.
Canadá: El Gobierno de Canadá reconoce la importante labor
llevada a cabo por los autores, la Secretaría y las partes interesadas de la
IAASTD y destaca que el Resumen de la evaluación mundial
preparado para los responsables de la toma de decisiones
constituye una valiosa e importante contribución al debate sobre políticas que
debe tener continuidad en los procesos nacionales e internacionales. Si bien se
reconoce la notable mejoría alcanzada mediante un proceso de acuerdos
negociados, aún existen varias afirmaciones y observaciones que requieren un
análisis más exhaustivo, equilibrado y objetivo. No
obstante, el Gobierno de Canadá recomienda que los gobiernos tengan en cuenta
el Resumen de la evaluación mundial al
abordar la importancia de los CCTA y su gran potencial para contribuir a los
objetivos de desarrollo y sostenibilidad de la IAASTD.
Estados Unidos de América: Los Estados Unidos coinciden con otros gobiernos
respecto de la importancia crítica que revisten los CCTA para alcanzar los
objetivos de la IAASTD y celebran los incansables esfuerzos realizados por los
autores, los editores, los copresidentes y la Secretaría de la IAASTD. Asimismo,
reciben con agrado la IAASTD, puesto que congrega a un número sin precedentes de
partes interesadas para una iniciativa de esta magnitud, y expresan su
satisfacción por la gran diversidad de opiniones observada y el saludable
debate que tuvo lugar.
Dado que plantean inquietudes
específicas y serias acerca de cada uno de los informes, los Estados Unidos se
ven imposibilitados de aprobarlos sin reservas y dejan constancia de dichas
inquietudes.
Los Estados Unidos consideran que la IAASTD puede promover
un mayor grado de debate e investigación. Asimismo, reconocen que los informes
resultan de gran utilidad para los gobiernos a la hora de analizar el papel de
los CCTA en la promoción del crecimiento económico sostenible y el alivio del
hambre y la pobreza.
Reservas acerca
de pasajes individuales
1. Los Estados Unidos y Botswana prefieren
usar el verbo ‘incorporar’ en lugar de ‘orientados a’.
2. Los Estados Unidos no creen que
exista el equilibrio suficiente cuando se hace referencia al uso/alcance de las
nuevas tecnologías, en particular la biotecnología moderna mencionada en las
conclusiones principales 10 y 11.
3. Benin, Botswana, Etiopía,
Gambia, Kenya, la República Democrática del Congo, Tanzanía, Togo y Uganda: el
párrafo no aborda adecuadamente la necesidad de invertir tiempo y capital
financiero, humano, político y de infraestructura en el desarrollo y la
aplicación de nuevos CCTA en los países en desarrollo a fin de fortalecer la
capacidad de hacer frente a los desafíos actuales y los que se vayan
presentando.
4. Australia y los Estados Unidos manifestaron
que habrían incluido las palabras 'la seguridad en’.
5. Kirguistán objeta la mención que
se hace de la tecnología transgénica en este párrafo.
6. Australia y los Estados Unidos
expresan su reserva con respecto a esta oración.
7. Camerún no respalda las estrategias
que provocan un aumento de los precios a los productores agrícolas, debido a
que éstos se verán reflejados en los mercados locales y, por consiguiente, reducirán
el poder adquisitivo de la población. En cambio, si se aplicaran políticas
basadas en los CCTA, se podrían bajar los costos de producción de los
establecimientos agrícolas a fin de reducir los precios a los productores, al
tiempo que se aseguran los buenos rendimientos para los agricultores.
8. Australia sugiere que, para poder
ayudar a los responsables de la toma de decisiones, varias afirmaciones y
observaciones relativas al comercio y la política interna requieren un análisis
más exhaustivo, equilibrado y objetivo.
9. Australia, Brasil, Canadá, Costa
Rica, Cuba, El Salvador, los Estados Unidos, Honduras, Panamá, Paraguay, la
República Dominicana y Uruguay declaran que los párrafos anteriores no
comprometen la posición de ninguno de los países en los foros de negociación
internacionales pertinentes.
10. Australia sugiere que, para poder
ayudar a los responsables de la toma de decisiones, varias afirmaciones y
observaciones relativas al comercio y la política interna requieren un análisis
más exhaustivo, equilibrado y objetivo.
11. Brasil, Costa Rica, Cuba, Etiopía
y Uganda manifestaron que el Gráfico 7.2 (Proyección de ganancias (pérdidas) de
los países desarrollados y en desarrollo en los casos de Doha relativos a la
agricultura) y el Gráfico 7.3 (Los países más pobres pierden ingresos en los
casos de Doha), que figuran en el Capítulo 7 del Informe de la evaluación mundial, deberían haberse incluido en
este documento.
12. Canadá y Uganda prefieren
utilizar la expresión ‘para tener más en cuenta las prioridades y características
de la política nacional’ en lugar de ‘para corregir las deficiencias e
inequidades’.
13. Canadá no está de acuerdo con
las últimas cuatro palabras ‘…y los productos derivados.’ del punto 4.
14. Los Estados Unidos sugieren la
supresión de este cuadro, debido a que no aporta mayor claridad a los
encargados de elaborar las políticas.
[1] Estados Unidos y Botswana.
[2] Estados Unidos.
[3] Benin,
Botswana, Etiopía, Gambia, Kenya, República Democrática del Congo, Tanzanía,
Togo y Uganda.
[4]
[5] Kirguistán.
[6] Australia y Estados
Unidos.
[7] Camerún.
[8] Australia.
[9] Australia,
Brasil, Canadá, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Estados Unidos, Honduras, Panamá
y Paraguay.
[10]
[11]
[12] Canadá y
Uganda.
[13] Canadá.
[14] Estados Unidos.